Capítulo 2
Fundamentos de la Economía

En el capítulo anterior, definimos la ‘economía’ como ‘el sistema mediante el cual las personas producen y consumen bienes y servicios’. Dijimos que el propósito principal de esos bienes y servicios es permitirnos hacer las mismas cosas que otros animales necesitan hacer para vivir:

- Encontrar comida

- Reproducirse

- Encontrar refugio

- Mantenerse a salvo

En este capítulo vamos a ver los fundamentos que subyacen a todas las economías, ya sean humanas o de otros animales: los ingredientes esenciales que deben estar presentes para que se produzca, lo que establece el nivel de producción en cualquier momento, por qué la producción puede fluctuar en el corto plazo, lo que establece la producción máxima posible y cómo que puede crecer esa máxima con el tiempo.

Todos los animales tienen que ‘producir’ bienes y servicios para cubrir sus necesidades, y en muchos casos llevan a cabo actividades bastante complejas para producir alimentos y/o refugio. Muchas especies viven socialmente y cooperan entre sí, algunas en sociedades sofisticadas donde los individuos tienen diferentes tipos de trabajo y cooperan para sobrevivir; las abejas son un ejemplo de ello. Sin embargo, si un animal es solitario y produce lo que necesita por sí mismo durante gran parte de su vida, entonces su “economía” puede ser más simple porque no implica la cooperación con otros de su especie.

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Figura 2.1: Comida, refugio, reproducción y seguridad en un árbol. [WMC]

2.1. Los ingredientes de la producción

Hay tres ingredientes esenciales necesarios (o si lo prefiere ‘condiciones que deben cumplirse’) para que una economía produzca; si falta alguno, no habrá producción. Debe haber:

Tomemos como ejemplo un oso polar. Los osos polares adultos tienden a vivir vidas solitarias excepto en la temporada de apareamiento o si es una madre con cachorros. Las focas constituyen la mayor parte de sus dietas. Por lo tanto, la ‘producción’ para nuestro oso consiste en una caza exitosa de focas. La cantidad de focas que atrape dependerá de cuál de los tres ingredientes de producción es el más limitante: cuánto quiere comer foca (hambre), los recursos de focas disponibles (abundancia de focas accesibles); y cuánto esfuerzo laboral puede dedicar a la tarea (más si es joven y está en forma, menos si es vieja o está enferma). A veces, el límite puede ser una producción de cero – si no tiene hambre, o si apenas hay focas disponibles, o si no es lo suficientemente fuerte para cazar.

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Figura 2.2: Una economía en gran medida solitaria. [WMC]

Pensando ahora en términos humanos, examinamos más de cerca cada uno de estos tres ingredientes:

  1. Deseo o querer – las necesidades y deseos de los humanos
    Los seres humanos quieren cosas; sobre todo, quieren las necesidades de la vida: comida, refugio, seguridad, una pareja. De hecho, todos los animales quieren estas cosas – ¿Por qué? – Porque cualquier criatura que evolucionara para no querer las necesidades de la vida y no se molestara en comer o reproducirse, moriría rápidamente como especie. Querer cosas es el primer ingrediente esencial de una economía porque, claramente, si nadie quisiera nada, nadie haría ningún trabajo. Si las cosas que se quieren son necesidades, o deseadas por otras razones menos obvio, no es nuestra preocupación por ahora.
  2. Recursos – los materiales y la energía disponibles
    Una vez que queremos cosas, ¿de dónde las vamos a obtener? Nuestro planeta Tierra ofrece una amplia variedad de entornos donde es posible que los animales obtengan las cosas que quieren. Algunos animales son adaptables y pueden vivir y encontrar lo que quieren en muchos entornos diferentes, mientras que otros se han vuelto especialistas, adaptados a uno solo. Por supuesto, no es casualidad que la Tierra satisfaga nuestras necesidades: hemos evolucionado para poder aprovechar lo que la Tierra ofrece. Los recursos de la Tierra son el segundo ingrediente de la economía de cualquier animal.
  3. Esfuerzo de trabajo – la capacidad humana disponible para trabajar
    Los recursos de la Tierra no caen de los árboles a nuestras bocas (bueno, muy ocasionalmente). Para obtener las cosas que quieren, los animales deben ‘trabajar’, es decir, deben gastar energía desplazándose para encontrar las ‘materias primas’ que necesitan y ‘procesarlas’, generalmente para producir alimentos o construir refugios. El esfuerzo de trabajo, la cantidad de labor disponible, es por lo tanto, nuestro tercer ingrediente. Nótese que, para los humanos, la eficacia de ese esfuerzo de trabajo para producir cosas depende en gran medida del nivel actual de conocimiento humano y desarrollo tecnológico.

Los tres ingredientes de entrada para la producción se ilustran en la Figura 2.3. A menos que los tres ingredientesdeseo, recursos y esfuerzo de trabajo – estén presentes, producción no ocurre. Producción está limitada por el que esté en menor cantidad.

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Figura 2.3: Los tres insumos necesarios para que haya producción

2.2. Nivel de producción

El modelo de los tres ingredientes nos dice que el nivel de producción – cuánto se produce en un momento dado – depende de cuál de los tres ingredientes se agote primero (alcance su límite): Deseo, Recursos, o Esfuerzo de Trabajo. El nivel tiene que estar en algún punto entre cero, y el máximo que la persona o personas cuya economía es, podrían producir si trabajan lo más posible y tienen recursos abundantes disponibles. Para ilustrar esto, primero veremos qué limita cuánto se produce en el caso más simple: una economía unipersonal en la que esa persona tiene que producir todo para sí misma.

Imaginemos a una mujer abandonada en una pequeña isla que tiene que hacer todo por sí misma. Una situación como esta (pero con un hombre como náufrago) se describe en la famosa novela Robinson Crusoe de Daniel Defoe: Crusoe naufraga en una isla tropical remota y tiene que sobrevivir solo durante algunos años. El ejemplo de una náufraga en una isla también permite imaginar fácilmente una situación de recursos finitos, por ejemplo, la cantidad de madera para construir o quemar en un fuego para cocinar está limitada a la cantidad de árboles de la isla.

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Figura 2.4: Solo en una isla: una economía unipersonal.

En la economía de nuestra náufraga, la cantidad que se produce depende de cuál de los tres ingredientes (deseo, recursos, esfuerzo de trabajo) se agote (alcance su límite) primero. Así pues, las tres posibilidades son:

a) El deseo (es decir, el apetito) se acaba primero: Si nuestra náufraga no quiere mucho, entonces puede dejar recursos sin usar y trabajar solamente por tiempo parcial. Tal vez pase parte del día recogiendo fruta, pero después de un tiempo ha comido todo lo que quiere y prefiera descansar, aunque haya mucha más fruta disponible para recoger.

b) Los recursos se acaban primero: Si nuestra náufraga quiere más de lo que se puede producir con los recursos de la isla, también trabajará solamente por tiempo parcial, porque antes de que termine el día ya ha hecho todo el trabajo que hay que hacer – por ejemplo, ha recogido toda la fruta madura que hay. Nótese que nuestra náufraga se comporta como si fuera dueña de todo lo que hay en la isla, por lo que puede utilizar cualquier recurso que exista.

c) El esfuerzo de trabajo se agota primero: Si nuestra náufraga desea mucho y los recursos son abundantes, trabajará todo el día y la cantidad producida está limitada solamente por la cantidad de trabajo que ella es físicamente capaz de hacer. Por ejemplo, recoge fruta todo el día, pero es un trabajo duro, por lo que está cansada, no puede más y tiene que parar y descansar, aunque no hay escasez de fruta, y aún así le gustaría comer más.

Muchas criaturas no humanas en realidad pasan la mayor parte de sus vidas de manera muy similar a nuestra náufraga humano. Trabajan solos la mayor parte del tiempo – como las arañas y los osos polares – o trabajan en compañía únicamente de su pareja, como hacen muchos pájaros. Al igual que nuestra náufraga, tienen economías relativamente simples, y es fácil ver que cuánto producen está limitado por los mismos tres factores: cuánto quieren/desean el producto, los recursos disponibles y su capacidad para trabajar.

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2.3. Fluctuaciones en el nivel de producción

En las economías humanas nos interesa mucho cómo fluctúa el nivel de producción en el corto plazo. Observamos que la producción económica parece subir y bajar de manera cíclica, variando de ‘auge’ a ‘depresión’ y viceversa durante períodos de meses o años. Los políticos y los economistas están interesados en comprender estos ciclos y aprender a evitar o minimizar las depresiones.

Dijimos que la cantidad que se produce depende de cuál de los tres ingredientes (deseo, recursos, trabajo) se agote primero. Por lo tanto, una variación en uno o más de estos tres ingredientes es la causa de cualquier fluctuación en la producción. El responsable es el ingrediente que ya escasea (es decir, está en su límite) o que ahora escasea. Para ilustrar esto, volvamos a nuestra náufraga.

Obsérvese que para nuestra náufraga, un nivel de producción más bajo (una “caída”) no es un problema si la causa es que quiere menos y, por lo tanto, trabaja menos. Es simplemente una elección: ella prefiere tiempo para el ocio o el descanso a la producción adicional que podría haber generado si hubiera trabajado ese tiempo. De manera similar, las recesiones en las economías reales no serían un problema si ocurrieran porque todos en la sociedad hubieran elegido trabajar un poco menos y consumir un poco menos, pero desafortunadamente cuando el consumo general cae, las reducciones resultantes en el trabajo necesario tienden a distribuirse de manera muy desigual, es decir, es probable que algunas personas se queden sin empleo.

Los picos y valles (auges y caídas) que vemos en los niveles de producción de la economía de un ser humano o de otro animal, no necesariamente nos dicen cuál es la producción máxima que el animal podría producir si decidiera trabajar a toda máquina y tuviera abundantes recursos disponibles. Puede ser capaz de producir más que los niveles máximos que observamos, pero simplemente no necesita o no quiere, o está limitado por recursos insuficientes.

2.4. Producción máxima posible

¿Qué determina la producción máxima posible que un animal o un grupo de animales puede producir? El máximo rendimiento se generará si todos trabajan tan duro como pueden y los recursos son abundantes. El valor de ese máximo depende de las capacidades del animal en cuestión: cualidades como fuerza, conocimiento, habilidad e inteligencia.

Podrías preguntar: “Si las ‘capacidades’ de un animal deciden el máximo que puede producir, ¿por qué no lo incluimos en la lista de ‘ingredientes’ que fijan el nivel de producción, junto con el deseo, los recursos y el esfuerzo?” La razón para no hacerlo es que en cualquier momento de la historia, las capacidades de un animal son fijas. Esas capacidades, como sus habilidades físicas y mentales y su nivel de desarrollo científico y técnico, no son algo que se “agote”: no hay recesiones causadas por una falta de conocimiento científico porque hayamos consumido todo ello. Además, no experimentamos nuestras capacidades como un factor limitante porque las damos por sentadas. Imaginemos a un granjero hace mil años que contrató a diez hombres para cavar una zanja. Insatisfecho con el progreso, les pregunta cómo se puede llevar a cabo la obra más rápidamente. Los obreros no van a sugerir retrasar el trabajo unos 800 años hasta que se inventen las excavadoras mecánicas, ni esperar millones de años para que la evolución produzca un trabajador más fuerte; dirán que necesita aumentar el esfuerzo empleando a más hombres o pagándoles para que trabajen más horas.

2.5. Crecimiento del máximo

En la mayoría de los animales, sus capacidades cambian lentamente con la evolución y la adaptación a entornos cambiantes. Si retrocedemos lo suficiente en el tiempo, el antepasado de los delfines era un mamífero de cuatro patas que vivía en tierra firme.1 Los delfines adquirieron el conocimiento de cómo nadar, junto con un cuerpo adaptado para nadar, al evolucionar durante millones de años: pequeños cambios genéticos acumulados durante muchas generaciones hasta que se convirtieron en un animal muy diferente a su antepasado peludo, y muchísimo mejor en cazar peces. Pero el cambio genético es lento (particularmente en animales grandes y longevos). Un hormiguero o un león de la época romana hace dos mil años se verían muy parecidos a los de hoy. Pero hay una otra forma de transmitir el conocimiento, que es simplemente enseñárselo a la próxima generación – no se requiere ningún cambio genético, y es potencialmente mucho más rápida.

Los seres humanos podemos transmitir a nuestros hijos un enorme conjunto de conocimientos aprendidos a través de nuestro complejo lenguaje hablado y escrito, a lo largo de lo que hoy en día pueden ser veinte años o más de educación. Así, durante unos pocos miles de años, los seres humanos hemos pasado de apenas pescar prácticamente nada a atrapar cantidades enormes (e insostenibles), no mediante ningún cambio en nuestros cuerpos a través de la evolución, sino desarrollando tecnología cada vez más sofisticada y transmitiendo el conocimiento a nuestros hijos.

Muchos otros animales también imparten conocimientos a sus crías. Sin embargo, ninguno puede igualarnos en el enorme volumen de información transmitida. Por ejemplo, algunos primates no humanos han aprendido a utilizar piedras como herramientas. Los macacos de cola larga de Tailandia utilizan sencillas herramientas de piedra para abrir mariscos en la orilla del mar y, en los últimos años, han comenzado a utilizar piedras para abrir nueces de palma aceitera en las plantaciones del interior. Como este comportamiento se limita a ciertas poblaciones, parecería ser un ejemplo de una habilidad aprendida que se transmite de una generación a la siguiente.

Sorprendentemente, algunos libros de economía convencionales no siempre dejan claro que el crecimiento económico a largo paso (es decir, crecimiento del máximo que la economía puede producir) es el resultado directo del avance técnico. En un libro de texto de economía estándar, una sección que pretende analizar el crecimiento comienza con la afirmación de que “En una economía sin progreso técnico, el crecimiento ocurrirá porque siempre habrá inversión en bienes de capital que son de larga duración y, por lo tanto, se acumularán, haciendo así que el trabajo sea más productivo”. Esto es un disparate porque:

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Figura 2.5: Cáncer del hormigón: el capital se desgasta.
  1. El capital se desgasta. La palabra ‘capital’ es solamente una distinción conveniente que aplicamos a cosas que duran mucho tiempo (como un tractor o un edificio) en contrario a cosas que duran poco tiempo (como el combustible en un tanque automóvil). Imaginemos una economía que eligiera construir más y más bienes de capital, pero no hiciera avances técnicos: con el tiempo tendría más que podría mantener y la tasa de pérdida sería igual a la tasa de construcción – todo el trabajo sería de reemplazo o mantenimiento. Solamente aumentando el nivel de tecnología y, por lo tanto, la productividad podría esa economía aumentar aún más su riqueza.
  2. La acumulación sin avance técnico no implica una productividad cada vez mayor. Dada una tecnología fija habrá un cierto nivel de capital en el que, si se agrega más, el extra sólo estorba o no se puede usar. ¡Cuántas palas, caballos, etc. puede usar una persona!

Estos puntos son fáciles de entender si volvemos a nuestra náufraga. Ella podría descubrir que despejar un sendero corto hacia la playa que visita diariamente para recolectar mariscos es una inversión de capital que vale la pena y que aumenta su producción, porque el ahorro en tiempo que dedica a mantenerlo es menor que el tiempo que solía tener que dedicar a abrirse camino entre la maleza. Pero construir más y más senderos por toda la isla no tiene sentido porque en algún momento mantenerlos supondría más trabajo que cualquier ahorro. Para obtener el mejor rendimiento económico, necesita aplicar la tecnología que conoce en la combinación más eficaz, no acumular ‘bienes de capital’ – ya sean herramientas o senderos en la jungla – que requieren más esfuerzo para construir y mantener que el ahorro que ofrecen. La única manera de superar su mejor rendimiento de hoy día, es mediante avances técnicos: si desarrolla una mejor manera de pescar, cazar o recolectar alimentos, que produzca más con el mismo esfuerzo, entonces si, su producción máxima aumentara.

2.6. Resumen

El nivel de producción económica de un animal está determinado por cuál de los tres ingredientes necesarios para la producción se agota primero: deseos, recursos o esfuerzo de trabajo. Las fluctuaciones de la producción a corto plazo se deben a cambios en la cantidad de uno o más de esos tres ingredientes. Los cambios a largo plazo en el máximo que un animal puede producir se deben a cambios en sus capacidades gracias a su evolución o, y especialmente en el caso de los humanos, gracias a su adquisición de conocimientos aprendidos que es capaz de transmitir a sus hijos.

Lo que constituye ‘largo plazo’ depende del animal en cuestión. Para un animal cuyas capacidades dependen principalmente del cambio evolutivo, el ‘largo plazo’ puede ser de muchos miles de años si evoluciona lentamente. Para los humanos, el ‘largo plazo’ puede ser tan solo unos pocos meses o años, ya que las capacidades humanas cambian rápidamente año tras año debido a nuestra capacidad de aprender y de transmitir lo que hemos aprendido a nuestros descendientes.

Hasta ahora hemos utilizado ejemplos sencillos, como una náufraga (una persona sola en una isla) o una economía de un solo animal, para ilustrar los fundamentos económicos. Pero los humanos, junto con muchos otros animales (abejas, hormigas, leones, lobos, etc.), son seres sociales y suelen trabajar en grupos, con diferentes individuos que se especializan en diferentes tipos de trabajo. Por lo tanto, a continuación tendremos que considerar una economía ‘social’. Pero el modelo básico de deseos, recursos, esfuerzo laboral que hemos considerado en este capítulo nos da algunas indicaciones generales:

Por último, hemos alcanzado hasta aquí en el libro sin referencia ninguna a dinero. ¿Puede ser válido pensar en esta manera – el enfoque de economía no debe ser sobre todo, dinero? ¿Existe una economía sin ello? ¡Por supuesto sí hay! – porque si no fuera así, ningún otro animal tendría una economía, ya que ningún otro animal utiliza dinero, y además nosotros, los humanos, tampoco habríamos tenido una economía durante casi todos nuestros 200.000 años de existencia como Homo sapiens, dado que el uso de monedas data de hace menos de 3.000 años.2

1Los delfines, como las ballenas, no son peces, sino mamíferos cuyos antepasados eran animales terrestres. Mucho más atrás en el tiempo, todos los vertebrados terrestres evolucionaron a partir de peces.

2Se cree que el primer uso de monedas fue durante el primer milenio a. C., aunque antes de eso algunas sociedades usaban ‘dinero-mercancía’ – bienes como granos de pimienta, conchas, cebada u oro, que tenían su propio valor, pero que también podían usarse como pago.