Capítulo 3
Reglas para una Economía Social

En el capítulo anterior utilizamos las economías de animales solitarios como ejemplos, tal como la de una náufraga que vive solo en una isla. Para nuestra náufraga no hay reglas: ella puede ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa, usar cualquier cosa. Su situación nos permitió ver lo que es fundamental para cualquier economía: para que haya producción se necesita el deseo de producir, recursos y esfuerzo-trabajo. Ahora pasaremos a considerar las economías de las sociedades: ‘economías sociales’.

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Figura 3.1: Una economía social: hormigas cortadoras de hojas. [WMC]

Los humanos – junto con las abejas, hormigas, monos, lobos y muchos otros animales – son seres sociales y generalmente trabajan en un grupo, con el potencial de que diferentes individuos se especialicen en diferentes tipos de trabajo. Esta es una situación mucho más compleja que una economía de un animal solitario, porque tenemos que pensar en lo que el grupo o la ‘sociedad’ quiere, no solo el individuo. En contraste con la situación inusual de nuestra náufraga de no tener reglas ninguna, en las economías humanas normales hay una miríada de reglas controlando como vivimos. Están tan arraigadas en nosotros que en gran medida las damos por sentadas. No puedes ir a cualquier lugar que quieras, actuar en cualquiera manera que quieras, o usar cualquier objeto que te apetece. Algunas de las reglas están formalizadas en la ley y otras son normas o costumbres. Lo que son estas reglas, decide en gran medida cómo funciona la economía.

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Figura 3.2: En una economía social, no puedes ir a cualquier sitio que quieras ni usar cualquier objeto que quieras. [WMC]

A pesar de que otros animales sociales no escriben sus reglas, podemos ver que sí tienen reglas y costumbres, especialmente si trabajan en cooperación. ¿De dónde vienen las reglas en primer lugar? Supongo que muchas de ellas son instintivas: En la compleja organización social de insectos como las abejas, las termitas y las hormigas, la evolución biológica seleccionaría las reglas que fueran ventajosas para las especies en cuestión. En el mundo humano sabemos que, además de cualesquiera que sean las reglas que vienen con nuestra biología, también tenemos reglas que son parte de nuestra cultura y que debemos aprender. Estas reglas culturales también evolucionan con el tiempo a medida que las sociedades descubren reglas nuevas o mejores que las hacen más efectivas, y es probable que las sociedades más efectivas desplacen a las sociedades con reglas que funcionan peor; Estos conceptos se analizan en libros como el fascinante libro de Jared Diamond, ‘Armas, gérmenes y acero’ (‘Guns, Germs and Steel’).[11]

Veamos ahora una regla que es fundamental para nuestra economía humana – la noción de ‘propiedad’ – y lo que esa regla hace posible: la capacidad de comerciar y el concepto de valor.

3.1. Propiedad

El concepto de propiedad es esencial para nuestra economía moderna – comprar y vender no tendría sentido si las cosas no pudieran pertenecer a nadie – pero ¿qué significa realmente poseer algo?

Las sociedades humanas tienen un fuerte sentido de ‘propiedad’ o ‘posesión’. Para que se te permita usar un recurso, debes poseerlo, o al menos tener un derecho temporal sobre él, tal como alquilándolo. La idea de propiedad nos resulta tan familiar desde la infancia que es fácil pensar en la propiedad como algo bien definido (o es tuyo o no lo es). En la práctica, hay tonos de gris: si algo es ‘tuyo’ significa que el resto de la sociedad reconoce tu control sobre ello: tu derecho a determinar quién lo usa, lo consume o lo destruye ... ¡pero sólo hasta cierto punto!

Tal vez tengas un papel en alguna parte que diga que eres dueño de tu casa: un título de propiedad. Si es así, ¿podrías construir una fábrica o un sitio de pruebas de cohetes en el terreno? Casi con toda seguridad, ‘no’. La propiedad es un acuerdo entre humanos para permitirle a alguien ciertos derechos sobre la propiedad, pero esos derechos no son ilimitados. Por ejemplo, la mayoría de los ayuntamientos no te permitirán hacer lo que quieras con tu casa, y pueden quitártela si necesitan el terreno para una nueva carretera.

Supongamos que agitas ese título de propiedad ante las hormigas de tu jardín, ¿te harán caso y abandonarán tu propiedad? ¡Claro que no! Tus derechos sobre esa tierra son aceptados solo por la sociedad humana – y no por toda ella. Sin embargo, muchos otros animales sí tienen nociones de propiedad, afirmando sus derechos sobre territorio, presas, comida y parejas.

“Para atraer a una hembra para que se aparee con él, un pájaro macho tiene que obtener y defender un territorio. Este territorio ayudará a determinar su éxito reproductivo al proporcionarle a él y a su pareja comida. Los machos reclaman un territorio cantando en él, lo que les dice a otros machos que se mantengan alejados. Dejan huecos en su canto para escuchar las respuestas, de modo que puedan descubrir dónde están los rivales y concentrar sus esfuerzos defensivos en los extraños que buscan apoderarse del territorio.”1

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Figura 3.3: Propiedad: ¡el jardín es de él! [WMC]

“Ajá” podríamos decir. “Esos otros animales solo están peleando por cosas, eso no es reconocer la propiedad”. Bueno, tal vez a veces peleen cuando el momento es oportuno, pero entre peleas pueden reconocer el status quo. Un poco como nosotros los humanos, que reconocemos el status quo durante largos períodos, pero de vez en cuando nos sentimos tentados a ir a la guerra y apoderarnos de la propiedad de otras personas.

Además, una pelea entre animales no es necesariamente violenta físicamente, como en el caso del pájaro descrito anteriormente que defiende su territorio cantando... algo más parecido a un caso judicial. Por cierto, si hay un pájaro cantando en tu jardín, ten en cuenta que, en lo que a él respecta, ¡no es tu jardín en absoluto, pertenece a él!

¿Por qué discutir sobre reglas, de dónde vienen las reglas y si otros animales también las tienen? Bueno, aparte de curiosidad, podría ser importante distinguir qué reglas son parte de la psique humana (hemos evolucionado para tenerlas y, por lo tanto, serían difíciles de anular) y cuáles son más arbitrarias y, aunque pueden parecer ‘naturales’ si hemos vivido con ellas durante muchos años, podrían modificarse.

3.2. Comercio

Una vez que la sociedad reconoce el derecho de propiedad, se crea la posibilidad de comercio: puedes intercambiar cosas con otras personas. Comercio es un intercambio de propiedad/control – lo que era tuyo se convierte en suyo, y a cambio, lo que era suyo ahora es tuyo. Comprar y vender no tendría sentido si no existiera el concepto de propiedad y las cosas no pudieran pertenecer a nadie.

La existencia del comercio hace posible que los individuos se especialicen en algo: si tu trabajo es zapatero, tendrás que cambiar (o ‘intercambiar’ u ‘comerciar’) la mayoría de los zapatos que fabricas por otras cosas que necesitas, como comida. El dinero hace que este intercambio sea más fácil y más flexible – primero intercambias los zapatos por dinero, y luego intercambias el dinero por comida.

3.3. Valor

En un intercambio de bienes, ¿qué decide cuánto valen? Supongamos que posees algo que has fabricado – llamémoslo cosa A – y te gustaría intercambiarlo por otra cosa que no produces o no puedes producir – llamémosla cosa B. El problema clásico de la economía es “¿Cuánto de A deberías intercambiar por una cantidad dada de B?” O si quieres, “¿Cuántos kilogramos de A vale un kilogramo de B?” Más familiarmente, esta es una pregunta sobre precios: estamos preguntando por qué el precio de un kilogramo de una cosa (como el queso), es diferente del precio de un kilogramo de otra cosa (digamos las papas). Un momento de reflexión nos dice que los precios no están relacionados con el valor real de las cosas: la comida y el agua son esenciales para la supervivencia, pero son baratos en comparación con muchos lujos no necesarios.

Marx entre otros, creía que lo que decidía cuánto valía una cosa era cuánto trabajo (o mano de obra) se necesitaba para hacerla. Por lo tanto, si se necesita seis veces más trabajo para producir 1 kg de queso que para producir 1 kg de papas, entonces en el mercado, los cambios de queso por papas se harán a razón de 1 kg de queso por 6 kg de papas – en otras palabras, el queso costará seis veces más que las papas. El concepto se conoce como la teoría del valor-trabajo. Marx creía que el trabajo era la fuente de todo el valor – lo que era una conclusión conveniente para un revolucionario que estaba del lado de la clase trabajadora – pero se esforzaba por explicar cómo algo como la tierra puede tener valor cuando no se ha invertido trabajo humano en producirla. Hoy día, Marx tendría que explicar también, cómo los bienes de marca muy promocionados pueden ser mucho más caros que sus equivalentes sin marca, a pesar de que ambos requieren la misma cantidad de trabajo para fabricarse.

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Figura 3.4: Un kilo de queso requiere más trabajo para fabricar que un kilo de patatas y, por tanto, cuesta más.

Personalmente, creo que no tiene mucho sentido buscar una fuente de valor subyacente universal que pueda aplicarse a todas las cosas, como la idea de Marx de que el trabajo que se ha invertido en fabricar un producto lo que determine su valor. Hay tantos motivos para desear productos, que es mejor aceptar que las cosas tienen valor en el mercado sólo a la medida que la gente las quieren: el valor que tienen es entonces simplemente cuántas otras cosas la gente está dispuesta a ofrecer a cambio de ellas. Los economistas clásicos dibujan curvas de oferta y demanda para ilustrar esto, que, en términos generales, indican que: (a) si algo es escaso y mucha gente lo quiere, será caro; mientras que, (b) si hay una oferta abundante de algo en comparación con la cantidad de personas que lo quieren, será barato.

Sin embargo, es claro que la cantidad de trabajo que se invierte en fabricar un producto afecta su precio. Esto se debe a que aunque en un momento dado, la oferta y la demanda determina el precio de un producto, a largo plazo el nivel del precio retroalimenta lo que hacen los productores. Por lo tanto, si algo escasea, los productores tenderán a cambiar a fabricarlo porque un día de trabajo produciéndolo les genera más ganancias que un día dedicado a producir otros bienes. En consecuencia, en el caso de los bienes manufacturados, la cantidad de trabajo necesaria para fabricarlos tiende a determinar sus precios relativos (es decir, cuánto de uno se intercambia por otro).

Se podría suponer que el coste de los materiales (el acero, el cobre y los plásticos que se utilizan en fabricar nuestros bienes) sería una parte importante de su precio. Pero todos estos materiales pueden igualmente, tener su precio en términos de la mano de obra necesaria para extraerlos. Esencial para entender esto es el hecho de que, desde un punto de vista económico, los recursos del mundo son gratuitos hasta que realmente empiezan a agotarse. Así que cuando compras metal para fabricar un coche, lo que pagas por el metal está relacionado principalmente con la cantidad de trabajo necesario para extraerlo, procesarlo y transportarlo. Pagamos otros humanos para este trabajo; pero pagamos nada al planeta por sus recursos.

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Figura 3.5: No pagamos al medio ambiente por los recursos que tomamos de él. [WMC]

Los recursos extraídos del medio ambiente son ‘gratuitos’ porque el medio ambiente no es un ser humano y no pide nada a cambio. Por supuesto, hay un dueño de la tierra donde un recurso como una mina se encuentra; sin embargo, en un mercado mundial (y exceptuando los casos en que se puede establecer un monopolio), la empresa o el país propietario no puede cobrar más que el costo laboral de extracción porque un competidor podría vender a un precio más bajo. Aun si se sabe que solo queden treinta años de suministro del mineral en el planeta, no necesariamente cambia el precio si todavía hay varias fuentes de ello. Si el mineral comienza ser más difícil de encontrar, aumentando la cantidad de trabajo necesario para prospectar, extraer y procesar lo que probablemente sean minerales en concentraciones más pobres, como resultado, el costo aumentara para reflejar el aumento en la mano de obra. Solamente cuando se vuelve imposible producir más de un recurso a través de trabajo adicional, el precio aumentará más allá del costo laboral y reflejará escasez en lugar de solo el trabajo requerido para extraerlo. Un ejemplo de esto sería el último árbol del planeta: no será más difícil de encontrar o cortar que cualquier otro árbol, pero seguramente el valor de la madera será mucho mayor que el costo de esa mano de obra.

En consecuencia, es más difícil encontrar ejemplos de escasez de mercado (en los que el precio de algo no está determinado principalmente por el trabajo que se requiere para fabricarlo) de lo que se podría pensar. Sin embargo, cuando hay escasez genuina, como en el caso de pinturas de artistas famosos o de casas deseables en el centro de Londres, o futbolistas de primera clase, los precios no guardan relación con el trabajo involucrado y están limitados únicamente por cuánto desean los compradores esas cosas y cuán ricos son.

Obsérvese que cuando hay escasez en algo aparte de trabajo, los precios de las cosas hechas de ello estarán relacionados con la cantidad de este algo que utilicen, de la misma manera que los precios de la mayoría de los bienes manufacturados están relacionados con la cantidad de trabajo que utilizan. Por ejemplo, la tierra es un recurso escaso en Londres, por lo que los precios de las casas en el centro de Londres están fuertemente relacionados con la superficie de tierra que ocupan: una casa que ocupa el doble de superficie tenderá a costar el doble (si se mantienen iguales otros factores, como la calidad del edificio, el vecindario, las vistas, etc.).

3.4. Gobierno

Una náufraga que vive solo en una isla no tiene reglas y, por lo tanto, no necesita un gobierno. Pero en las economías sociales en las que vivimos tenemos muchas reglas que regulan cómo interactuamos, y no tiene sentido tener reglas a menos que se cumplan. En grupos pequeños, esto podría ser posible por consentimiento mutuo. Entre niños de la misma familia, el pequeño Juan puede aceptar que el libro que su hermana María compró con su dinero de bolsillo pertenece a ella, y María puede aceptar que el juguete que Juan recibió como regalo de cumpleaños es de él; no hay documentos escritos de por medio, aunque hay un nivel de gobernanza (sus padres) en caso de que surja una disputa. Para grupos más grandes necesitamos una gobernanza más formal para hacer cumplir las reglas.

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Figura 3.6: No hay reglas para un náufrago solo en una isla.

La mayoría de nosotros vivimos bajo múltiples capas de gobernanza, no solo el gobierno nacional de nuestro país, sino también capas de gobierno local como un ayuntamiento. No termina ahí: las escuelas tienen gobernanza y reglas, también las tienen los empleadores, también los clubes y sociedades, las iglesias, los partidos políticos y cualquier lugar al que podamos ir que esté administrado por una organización tales como el sistema de transporte o el supermercado local. También hay un nivel de gobernanza internacional, a través de acuerdos alcanzados bajo los auspicios de las Naciones Unidas o de cualquiera de los numerosos otros organismos como la UE o la OTAN o organismos internacionales de normalización.

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Figura 3.7: Muchas reglas te rodean en la sociedad moderna.

¿Por qué aceptar tantas reglas? Lo hacemos – la mayoría de nosotros – porque las obligaciones que nos imponen también se imponen a los demás. No puedo tomar la propiedad de otras personas, pero ellas tampoco pueden tomar la mía. No tengo permitido agredir físicamente a las personas que me molestan, pero los demás tampoco pueden agredirme. Los gobiernos modernos no solo hacen cumplir esas reglas básicas, sino que también brindan una amplia gama de servicios: educación, asistencia sanitaria, redes de transporte, parques y mucho más.

Por supuesto, todas estas funciones gubernamentales no son gratuitas. Si queremos que la policía nos proteja de la violencia y nuestra propiedad del robo, entonces quienes trabajamos para producir bienes y servicios tenemos que aceptar que el gobierno tome una parte de lo que producimos para proporcionárselo a quienes trabajan para la fuerza policial. En otras palabras, tenemos que aceptar alguna forma de impuestos.

Parece que el acuerdo es: ‘damos un poco del pastel que hemos producido al gobierno y a cambio obtenemos seguridad y algunos otros beneficios’. Pero un buen gobierno es mucho más valioso que eso porque nos permite como sociedad producir un pastel mucho más grande. El desarrollo de industrias sofisticadas requiere un entorno empresarial estable, una fuerza laboral capacitada, buena infraestructura, etc. Los gobiernos también pueden financiar la investigación científica y el desarrollo tecnológico.

Es bastante común encontrar personas que siempre han vivido bajo gobiernos relativamente fuertes y estables y se han beneficiado de ellos, pero que, sin embargo, están muy dispuestas a quejarse de los altos impuestos. Sin embargo, no se ve a muchas de ellas emigrando a países semi-sin ley con gobiernos débiles. La migración es en la dirección opuesta: hacia países donde los impuestos son más altos y se recaudan de manera más efectiva, pero donde la gente espera sentirse segura y ver a sus hijos educados.

3.5. Grado de control gubernamental

Los gobiernos varían considerablemente en las reglas que establecen y el grado en que intentan dirigir la economía. En un extremo, hay gobiernos que intentan planificar la mayoría de la actividad económica, diciéndoles directamente a algunas o todas las empresas lo que deberían hacer – las llamadas ‘economías de comando’. Como ejemplo de tal planificación, normalmente pensamos en el comunismo tal como se practicaba en la ex Unión Soviética2 y todavía se practica en el momento de escribir este artículo en Corea del Norte. Durante tiempos de guerra, los países capitalistas también pueden optar por dirigir sus economías en una medida mucho mayor de lo que lo hacen normalmente; En particular, los Estados Unidos y el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (WW2).

En el otro extremo se encuentra la filosofía de una economía de libre mercado con ‘intervención mínima’ (‘laissez-faire’), según la cual la función de los gobiernos es únicamente proporcionar policía y ejército, e imponer normas claras sobre los derechos de propiedad y el comercio. En todos los de más campos, las empresas deberían tener libertad para tomar sus propias decisiones, y el rumbo de la economía debería estar determinado por el funcionamiento del mercado.

Nuestro mundo actual está dominado por países con economías de libre mercado – aunque también suelen contar con sectores estatales más grandes e influyentes de lo que preferían los puristas del libre mercado. Por ejemplo, en la mayoría de los países occidentales industrializados, el estado proporciona educación y sanidad gratuitas; ambas cosas, según los puristas, deberían dejarse en manos del mercado (es decir, creen que el público debería tener que utilizar y pagar escuelas y hospitales privados, en lugar de tener estatales). Mientras tanto, los partidos comunistas de China y Vietnam también permiten la empresa privada y un mercado. China denomina a su sistema una ‘economía de mercado socialista’ y acepta que capitalistas privados y empresarios puedan coexistir con empresas públicas y colectivas.

Por lo tanto, las empresas del sector privado que operan en economías de mercado determinan en gran medida lo que se produce y el nivel y las condiciones de empleo. Por lo tanto, para entender cómo funcionan nuestras economías, necesitamos entender los mercados.

3.6. Resumen

Las economías humanas son economías sociales que se rigen por amplias y extensivas reglas que afectan el funcionamiento de la economía. Los gobiernos establecen y exijan cumplir muchas de estas reglas. El costo de un buen gobierno es generalmente aceptado debido a los beneficios que ofrece en términos de la protección de propiedad y de derechos individuales, y también otros servicios como la atención médica. El concepto de propiedad permite el comercio y el funcionamiento de los mercados.

Si bien los gobiernos pueden optar por suprimir los mercados y planificar por ellos mismos las decisiones económicas, como hacia la ex Unión Soviética bajo el comunismo, hoy en día casi todos los países industrializados permiten que los mercados operen, y las empresas del sector privado tienen, por lo tanto, una amplia influencia en los niveles de empleo y en que tipo de bienes que se produce. En consecuencia, a continuación analizaremos los mercados con más detalle.

1De un artículo web de BBC Nature, sobre el coro del amanecer.

2La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), creada en 1922 después de la Revolución rusa de 1917 y disuelta en 1991.