Capítulo 7
Dinámica de la Economía: El Mercado Laboral

7.1. La economía como sistema

Todos estamos familiarizados con nuestras propias actividades económicas individuales, en el sentido de que sabemos cómo nos ganamos la vida y cómo gastamos lo que ganamos. Este capítulo y los cuatro capítulos siguientes abordan el panorama general: tratan sobre la dinámica de la economía de mercado, es decir, cómo funciona la economía en su conjunto como sistema. Los economistas lo llaman “macroeconomía” (en contraposición a la “microeconomía”, que se refiere a los agentes dentro del sistema: empresas e individuos). Vamos a ver:

  1. ¿Habrá siempre suficiente empleo? El presente capítulo muestra que no hay garantía de pleno empleo, y el Capítulo 8 analiza el diagrama clásico de oferta y demanda aplicado al mercado laboral.
  2. Aumento de la demanda de trabajo. El Capítulo 9 explica por qué la automatización no ha provocado un desempleo mucho mayor del que realmente tenemos.
  3. Cambios a largo plazo en la capacidad productiva. El Capítulo 10 describe las fuentes del crecimiento económico.
  4. Fluctuaciones a corto plazo. El Capítulo 11 explica por qué la economía oscila entre expansiones, cuando supuestamente las cosas van bien, y recesiones, cuando los tiempos son más difíciles.

Es importante que, como ciudadanos, tengamos una comprensión amplia de la economía en su conjunto, porque de lo contrario los políticos pueden vendernos con demasiada facilidad políticas que parecen tener sentido común, pero que, aplicadas a toda la economía, no tienen sentido alguno. Dada la frecuencia con la que esto ocurre, parece probable que exista una intención deliberada de engañarnos para que aceptemos lo que no nos conviene.

En este capítulo examinaremos el mercado laboral y, en particular, dos afirmaciones que se oyen con frecuencia:

7.2. ¿Habrá suficientes empleos?

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Figura 7.1: Alta demanda de caballos. [WMC]

¿Habrá suficiente trabajo para todos los que lo quieran? Muchos economistas afirman que el mercado proporcionará empleos para todos, siempre que se le deje operar libremente. Lo que significa ‘libremente’ en este contexto es: sin sindicatos, sin regulación gubernamental que establezca salarios mínimos y sin subsidio de desempleo. Bajo estas condiciones, sostienen que el precio del trabajo se ajustará hasta que el mercado se equilibre; es decir, que los salarios caerán hasta que todo el mundo consiga un empleo. Lamentablemente, esta afirmación es simplemente una mentira, por mucho que se adorne con jerga económica.

La dura realidad es que no hay ninguna garantía de que una economía de mercado ofrezca trabajo a todos. Hasta el siglo XX había miles de caballos en nuestras ciudades. Estos trabajadores animales eran valorados por su fuerza para tirar de carros y carruajes y por su inteligencia, que les permitía aprender a hacer el trabajo y responder a órdenes. A cambio, recibían comida, establo y cuidados. El desarrollo del motor de combustión interna y de los vehículos motorizados, les arrebató casi todo su trabajo. Habrías visto miles de caballos desempleados en las esquinas de las calles si no fuera porque los humanos controlamos la reproducción de los caballos y no los criamos si no hay demanda de ellos.

Los trabajadores humanos, como los caballos, a menudo han sido desplazados por el desarrollo técnico. Hasta la era industrial, la mayoría de los trabajos requerían fuerza física y resistencia; hoy en día, gran parte del trabajo es mental. El trabajo manual que queda suele ser una combinación de destreza e inteligencia, como la fabricación de productos en una cadena de montaje. Y poco a poco estos trabajos también están siendo reemplazados por robots. Pero a diferencia de los caballos, los trabajadores humanos no nos criamos únicamente cuando hay demanda para nosotros. Nosotros mismos decidimos si queremos tener hijos; hay multitud de factores que influyen en cuántos hijos tenemos, y probablemente sea seguro decir que una evaluación cuidadosa y precisa de si nuestros hijos tendrán un empleo cuando crezcan no suele ser uno de ellos. Por lo tanto, no hay absolutamente ninguna garantía de que el número de empleos disponibles coincida con el número de personas que buscan trabajo.

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Figura 7.2: Robots empaquetando pan. [WMC]

“Ajá” – dicen nuestros economistas de libre mercado – “la gente siempre encontrará trabajo si acepta salarios ‘realistas”’ (es decir, lo suficientemente bajos). Pero aunque esta afirmación pueda sonar razonable, basta un momento de reflexión para ver que es evidentemente falsa: incluso si el precio de algo baja a cero, no necesariamente queremos cualquier cantidad de ello. Yo pago a la compañía de agua para que lleve agua a mi casa; pero si el agua se volviera gratuita, no querría que me volcaran un embalse entero sobre mi casa y jardín – lo llamaría una inundación y pagaría para que lo sacaran.

El exceso de cualquier cosa deja de ser un beneficio y se convierte en una molestia. Y lamentablemente, así es con los humanos. Como ejemplo, los expatriados que trabajan en países pobres y reciben salarios de nivel europeo o estadounidense, suelen contratar a dos o tres personas locales para ayudar con las tareas domésticas o el cuidado de los niños. En esos países, los salarios locales para este tipo de trabajo pueden ser tan bajos como 50 dólares al mes, así que un expatriado podría fácilmente contratar no solo a dos o tres sirvientes, sino a cincuenta o más. ¿Por qué no lo hacen? La razón es sencilla: no hay suficiente trabajo para ellos – y no quieres tener docenas de extraños rondando por tu casa, mirando tus pertenencias y observando cada movimiento. Incluso si se ofrecieran a trabajar gratis, no los querrías; y si insistieran en quedarse, pagarías a un guardia o a un policía para que los echara.

La creencia de que el mercado laboral debería equilibrarse, siempre que se le deje solo, lleva a sus defensores a proponer la eliminación de todas las restricciones en el mercado laboral, como el salario mínimo, el subsidio de desempleo y otros derechos y beneficios de los trabajadores, como vía para reducir el desempleo. Sus teorías se utilizan para justificar políticas que minimizan los derechos laborales. La pobreza resultante y el desempleo persistente tienden a achacarse a los pocos derechos que los trabajadores han conseguido mantener y a cualquier acción que tomen para defenderse, como organizar sindicatos.

Incluso algunos críticos de la teoría del equilibrio de mercado no la niegan por completo. Sino que afirman que funcionaría en un mundo ideal y que solo falla en la práctica porque el supuesto de competencia perfecta no se cumple plenamente en el mundo real. Dada la influencia política de esta teoría, esto no basta; demostraremos que no solo es imperfecta, sino errónea.

7.3. No hay garantía de equilibrio en el mercado laboral

Hasta ahora, en este capítulo hemos discutido de manera general por qué no hay garantía de que un mercado laboral se equilibre. Para concluir, vamos a exponer esas razones de la forma más clara posible; son tres:

Estas tres puntos se desarrollan con mayor detalle a continuación.

PRIMERO: Los compradores no adquieren más allá de cierta cantidad, por muy bajo que sea el precio

No es cierto que cualquier cantidad de cualquier producto pueda venderse si el precio es lo suficientemente bajo. Si el precio de los tomates baja, puede que compres más, pero si bajara a un dólar la tonelada, no comprarías varias toneladas para amontonarlas en tu cocina. Más allá de cierta cantidad, un producto deja de ser deseable y se convierte en un problema, y esto es igualmente cierto para el mano de obra. Una persona adinerada en un país pobre podría emplear a cientos de sirvientes por un par de dólares al día. Pero tener a cientos de personas en tu casa es incluso menos deseable que tener una tonelada de tomates: podrían romper muebles, robar o incluso adueñarse de la vivienda. En la práctica, una persona rica solo contratará a tanta gente como tenga trabajo útil para ellos y pueda gestionar. De hecho, puede decidir pagarles un salario más alto que el mínimo imprescindible, porque le beneficia para fomentar la lealtad y reducir la tentación o necesidad de robar.

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Figura 7.3: Tomates desechados. [geograph]
SEGUNDO: Los vendedores no venden por debajo del precio que cubre sus costes marginales, es decir, el coste adicional de vender su producto en lugar de no venderlo

Los vendedores no venden a cualquier precio por muy bajo que sea, porque normalmente hay costes implicados en vender (por ejemplo, transporte al mercado). No tiene sentido vender a un precio inferior a esos costes, ya que el resultado sería una pérdida neta. Del mismo modo, los trabajadores no aceptarán menos que un salario mínimo, porque necesitan cubrir los costes adicionales de trabajar, como el transporte, el desgaste de la ropa, la comida extra necesaria, y que les compense trabajar en lugar de mendigar o rebuscar en la basura para comer.

TERCERO: Mientras que los fabricantes dejan de producir lo que no se vende, nosotros ‘fabricamos’ personas sin pensar si se ‘venderán’

La razón por la que la mayoría de los mercados de productos suelen equilibrarse es que, si no lo hacen, los productores dejan de fabricar. Cuando la oferta de coches supera la demanda, los precios bajan. Cuando los precios caen por debajo del coste de producción de algunos fabricantes, estos reducen la producción o cierran. Sea como sea, no se producen coches si no se pueden vender por encima de su coste de producción. Podría decirse que no es una buena analogía porque los trabajadores no se ‘venden’, sino que alquilan su tiempo a cambio de un salario. Sin embargo, esto no cambia mucho: pasaría lo mismo aunque todos los coches fabricados se alquilaran a los consumidores en lugar de venderse; si no pudieras alquilarlos, reducirías la producción. El resultado sería el mismo, independientemente de si los alquila el fabricante o una empresa de alquiler. Y no dirías que los coches que no se pueden alquilar ya no producen ‘horas-coche’ y que, por tanto, el mercado de coches está equilibrado porque solo se cuentan las horas-coche que efectivamente se alquilan; un argumento así sería ... bueno, bastante extraño.

Ahora veamos cómo se aplica esto al mercado laboral. Algunos economistas intentan defender la teoría del equilibrio diciendo que, en lugar de venderse (o alquilarse) los propios trabajadores, estos producen un ‘producto’ llamado horas-de-trabajo’ que venden en el mercado laboral; si no pueden vender sus horas-de-trabajo a un precio aceptable, se retiran del mercado y dejan de producir horas-de-trabajo (una lógica análoga al argumento de las horas de coche que descartamos como extraño anteriormente). Pero este argumento retuerce la realidad. En realidad, el ‘producto’ no son las horas-de-trabajo, sino los propios obreros, que desde la abolición de la esclavitud solo pueden alquilarse por horas, no venderse. Un trabajador no puede reducir su contribución al número total de trabajadores dispuestos a vender su trabajo, porque el o ella ya ha sido ‘producido’ (cuando nació). Además, los trabajadores soportan costes fijos de ‘mantenimiento’ (comida, vivienda, ropa, etc.) tanto si venden su trabajo como si no.

Si por alguna razón se produce demasiado de un producto, el precio más bajo al que el productor lo venderá será el coste adicional de venderlo en lugar de desecharlo. Por ejemplo, a veces los agricultores producen excedentes que no pueden venderse a un precio que compense llevarlos al mercado; entonces pueden optar por desecharlos sin ofrecerlos a la venta. De forma análoga, los trabajadores que no ven perspectivas de empleo pueden ‘desechar’ su exceso de horas-de-trabajo no ofreciéndose activamente. Nadie diría que, porque esos tomates excedentes nunca se ofrecieron a la venta, en realidad no se produjeron. De la misma forma, no se debería argumentar que quienes no intentan vender su trabajo no son realmente trabajadores.

Para convertir a los propios trabajadores en mercancías producidas según la cantidad demandada por el mercado, tendríamos que tratarlos (es decir, tratarnos) como tratamos a los animales de granja. Durante el último siglo, la demanda de caballos disminuyó al ser sustituidos por trenes, tractores y coches – y sin embargo no hay un exceso de caballos porque se ‘producen’ (crían) en función de la demanda del mercado. Si hay exceso, se crían menos y algunos incluso se llevan al matadero para corregirlo.

Los humanos, sin embargo, no somos criados como animales de granja. Decidimos personalmente cuántos hijos tener, influenciados por muchos factores (incluida, por supuesto, la disponibilidad de anticonceptivos). Los padres deciden (¡por lo menos si el embarazo fue intencional!) ‘producir’ nuevos trabajadores sin calcular antes su probabilidad de ser ‘vendibles’ en el mercado laboral a partir de 18 años en el futuro y durante 50 años después de eso. Por tanto, la oferta de trabajadores no puede ajustarse para equilibrar el mercado laboral: es probable que haya excedente o escasez.

Resumen del argumento de horas-de-trabajo. El argumento de horas-de-trabajo es el más enrevesado de los intentos de justificar el equilibrio de mercado. La idea clave es que algunos economistas1 consideran a los trabajadores como fabricantes autónomos del ‘producto’ horas-de-trabajo, que, si no pueden vender su producto, deberían dejar de producirlo – igual que haría un fabricante de ‘widgets’ en la misma situación – y buscar algo más que vender. Pero los propios trabajadores son el ‘producto’ que se vende en el mercado laboral – vendido por horas, como ‘salario’ – ya han sido ‘producidos’ y normalmente no tienen otra cosa que vender. Como mucho, poseen algunas pertenencias mínimas que, una vez vendidas, los dejarían sin hogar ni ropa. La idea de los trabajadores como ‘productores de horas-de-trabajo’ parece poco más que un ejercicio de gimnasia mental desesperada para justificar la teoría económica existente.

Es interesante observar que en el mundo capitalista cada vez se hace más referencia a las personas como mercancías. Los ‘departamentos de personal’ del siglo XX han cambiado su nombre a ‘recursos humanos’ y los planificadores de proyectos hablan de ‘cuántos recursos’ necesitan en lugar de ‘cuántas personas’. Aunque no sea muy eficaz para resolver el desempleo, la teoría económica sí ha influido con éxito en la forma en que pensamos.

7.4. Resumen

No hay motivo para suponer que el mercado laboral se equilibrará, porque en un momento dado la oferta de trabajo es relativamente fija e independiente de la demanda: es la población en edad de trabajar que necesita trabajar para vivir. Por lo tanto, si la demanda de trabajo supera la oferta, los salarios serán buenos. Si la demanda es inferior a la oferta y sigue siéndolo incluso si los trabajadores aceptan el salario más bajo con el que apenas cubrirían sus costes de trabajar, habrá desempleo.

Si pensamos en los millones de personas subempleadas o desempleadas en todo el mundo, es fácil ver que actualmente, a comienzos del siglo XXI, la oferta de trabajo excede la demanda (con algunas excepciones locales o específicas). Esta conclusión encaja perfectamente con nuestro modelo de Deseo, Recursos, Esfuerzo de Trabajo: habrá un excedente de esfuerzo de trabajo no utilizado si uno de los otros factores se agota antes.

Por la importancia de este tema en la formulación de políticas gubernamentales, continuaremos con él en el Capítulo 8, donde examinaremos el diagrama clásico de oferta y demanda utilizado por algunos economistas para argumentar que, si se deja solo, el mercado laboral proporcionará pleno empleo y el mejor resultado tanto para los trabajadores como para las empresas. Después, en el Capítulo 9, consideraremos por qué la demanda de trabajo se mantiene en la medida en que lo está y no ha disminuido más.

1Probablemente de la escuela de pensamiento conocida como ‘Nueva Economía Clásica’.