Capítulo 4
Mercados

En una economía de libre mercado, la producción la llevan a cabo empresas independientes que ofrecen sus productos a la venta en el mercado, y los consumidores tienen libertad para elegir qué y a quién comprar. Para sobrevivir, las empresas tienen que vender sus productos y, por lo tanto, se ven presionadas a producir los bienes que los consumidores desean y a un precio y una calidad que igualen o sean mejores que los de sus competidores.

Los mercados son lugares donde intercambiamos bienes o servicios entre nosotros. En principio, podríamos intercambiar directamente una cosa por otra – pan por zapatos digamos – lo que se conoce como trueque. Sin embargo, es más conveniente intercambiar bienes por dinero y en algún momento posterior intercambiar el dinero por otros bienes, o en otras palabras, vender y comprar. Es fácil ver que el dinero hace que los mercados sean mucho más flexibles que si la única forma de intercambiar bienes y servicios fuera a través del trueque.

Cuando hablamos de un ‘mercado’ no estamos pensando solo en un mercado tradicional en un espacio público donde se reúnen compradores y vendedores – un arreglo típico siendo pequeños puestos dispuestos en un salón o plaza de mercado entre los que los compradores pueden caminar como se muestra en la Figura 4.1. Más bien nos referimos a todas las formas y foros en los que los vendedores pueden ofrecer bienes para la venta a los compradores, incluyendo:

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Figura 4.1: Un mercado de verduras. [WMC]

En los mercados enumerados anteriormente, algo que se ha producido se vende a un individuo o empresa que lo usará o consumirá. También existen los mercados de materias primas, en los que se comercializan grandes volúmenes de productos como petróleo, gas, café, oro, algodón y trigo – pero normalmente entre empresas, no con el consumidor final. Luego están los mercados en los que lo que se vende no son productos, sino los títulos de propiedades – especialmente de empresas (acciones) y terrenos. Más allá de eso, existen los mercados de divisas y una compleja gama de ‘productos financieros’, que van desde seguros hasta opciones para comprar algo en el futuro. Estos productos financieros no son ‘productos’ en ningún sentido real, sino más bien servicios y acuerdos; si compras un seguro contra incendios, no obtienes un producto, sino una promesa ... de que en el caso que tu casa se incendia, recibirás los materiales y servicios para reconstruirla. Hablamos un poco más sobre el sector financiero en el Capítulo 22.

La característica importante de una ‘economía de mercado’ no son los puntos de venta, sino la libertad de entrar en el mercado como productor – es decir, individuos o grupos pueden establecer empresas privadas que produzcan bienes y servicios, y ofrecerlos para la venta. Los productores son libres de elegir qué hacer y ajustar sus precios como crean conveniente sin regulación, y los compradores son libres de elegir a qué vendedor comprar.

4.1. Funcionamiento del mercado

La economía clásica alaba al mercado como la forma más eficaz de garantizar que se produzcan las cosas correctas – las cosas que la gente quiere. El mecanismo funciona de la siguiente manera:

Si la demanda de un bien excede la oferta, su precio aumenta. Por ejemplo, si consumidores quieren comprar más huevos que hay huevos disponibles en el mercado (y tienen el dinero para hacerlo), entonces el precio de los huevos aumentará. Esto significa que los ingresos de los productores de huevos aumentarán en comparación con los ingresos promedio de otros tipos de trabajo. La producción de huevos se convierte entonces en un negocio más atractivo, por lo que la gente tenderá a dedicarse a él, aumentando la producción de huevos. La producción adicional hará que los precios de los huevos caigan hasta que los ingresos de los productores de huevos vuelvan a ser aproximadamente promedio. Adam Smith llamó a esto la ‘mano invisible’. El mismo mecanismo de libre mercado favorecerá a los productores de buena reputación por sobre aquellos cuyos productos son de calidad inferior.

Es cierto que mercados libres si pueden efectivamente hacer coincidir la oferta con la demanda, como se describió anteriormente, siempre que entendamos que por ‘demanda’ los economistas se refieren a las necesidades de las personas que tienen suficiente dinero para pagar el precio solicitado. Pero los mercados libres no hacen nada por los hambrientos en un país azotado por la hambruna: su demanda de alimentos se considera inexistente porque no tienen dinero para comprarlos. La caridad y ayuda estatal son sus únicos recursos. Sin embargo, a pesar de estas omisiones importantes, los mercados libres han demostrado ser una muy buena manera de descentralizar la toma de decisiones económicas y, a través de la competencia, alentar a los productores a mejorar los precios y la calidad.

Los exponentes más idealistas del libre mercado sostienen que el mejor resultado se obtendrá con un mercado totalmente desregulado con una ‘competencia perfecta’. Sin embargo, para que haya competencia perfecta, deben cumplirse ciertas condiciones. Los críticos del modelo señalan que estas condiciones rara vez se cumplen en la realidad. En la práctica, todos los mercados libres tienen que operar en un entorno legislativo que restrinja y regule su funcionamiento.

En el mundo actual, la legislación prohíbe el comercio de esclavos, restringe o prohíbe el comercio de ciertas clases de drogas, limita quién puede comprar armas peligrosas, y prohíbe la venta de alcohol y tabaco a niños. La regulación impone normas que deben cumplirse en cuanto a calidad, seguridad y horas de trabajo.

Periódicamente hay campañas para reducir la regulación, refiriéndose a ella despectivamente como ‘burocracia’ pero la tendencia parece ser la contraria. Esto se debe a que, a la medida que los productos se vuelven más técnicamente complejos, es cada vez más difícil, si no imposible, para el consumidor a juzgar y controlar la calidad y seguridad. En muchos casos, ello requeriría una investigación a largo plazo sobre los efectos de sustancias químicas o aditivos que el consumidor tal vez ni siquiera sepa que están presentes en el producto, e incluso si lo supiera, probablemente no serían conscientes de las implicaciones.

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Figura 4.2: Una lista de ingredientes – ¿cuántos de nosotros la leeríamos y entenderíamos antes de comer? [WMC]

Por lo tanto, en el mercado de verduras de un pueblo medieval, un consumidor tal vez puede estar casi ‘perfectamente informado’, como se requiere para el modelo de competencia perfecta. Pero en la era de los pesticidas, los cultivos transgénicos y los alimentos altamente procesados, esto es cada vez menos alcanzable – aun si nos limitamos a los productos alimenticios, y mucho menos consideramos otros productos tecnológicos.

Otra afirmación hecha por algunos puristas del mercado es que ‘los mercados libres siempre se equilibran’. Esta afirmación quiere decir que el mecanismo del mercado garantizará que no haya bienes sin vender. Si bien el mercado generalmente funciona de esta manera, hay casos en los que no lo hace. Por lo general, el mercado se despeja porque los productores bajan los precios hasta que pueden vender toda su producción, o reducen o detienen la producción si no pueden vender los productos a un precio que al menos cubra sus costos: no tiene sentido gastar más en producir algo de lo que se puede ganar vendiéndolo. Sin embargo, notamos que, a veces, un productor puede vender incluso a un precio inferior al de costo, al menos durante un tiempo, por ejemplo:

  1. La decisión de producir se tomó y se incurrió los costos de producción, mucho tiempo antes de que los bienes estuvieran listos para la venta. Entonces, puede tener sentido vender los bienes incluso a un precio que actualmente esté por debajo de los costos de producción, para cubrir al menos parcialmente esos costos. Esto es típico de la agricultura, donde hay que comprometerse a cultivar el producto mucho antes de descubrir cuál será el precio de venta cuando se coseche, y si no se vende, el producto se echará a perder.
  2. El productor no puede (o no quiere) escapar de algunos o todos los costos de producción. Por ejemplo, si los costos son solo la comida y el alojamiento del productor, o el mantenimiento de instalaciones que no quiere abandonar, como una granja o un taller. En estas circunstancias, puede tener sentido producir y vender bienes por debajo del costo para cubrir al menos parcialmente esos costos fijos, ya que se incurrirá en ellos de todos modos. Sin embargo, no tendría sentido si el costo adicional (el ‘costo marginal’ en términos económicos) de producir los bienes fuera mayor que el precio al que se podrían vender.

Pero no es cierto que mercados siempre se equilibran. En el caso (1) anterior, si el costo adicional que se incurre al llevar un producto al mercado es mayor que el precio al que se puede vender, entonces puede ser más barato simplemente deshacerse del producto o dejar que se pudra – como, por ejemplo, si hay un exceso de manzanas en venta y los precios han caído, podría costarle al dueño de un huerto más recoger sus manzanas y transportarlas al mercado que el precio que obtendrán al venderlas. Una excepción importante al equilibrio del mercado es el mercado laboral, ya que los trabajadores no pueden ‘dejar de producir’ ellos mismos si su trabajo no se vende. En el Capítulo 7 examinaremos con más detalle la afirmación de que los ‘mercados libres siempre se equilibran’ aplicada a los mercados laborales.

4.2. Idealismo de mercado

Hoy en día existen muchas organizaciones y centros de estudios que promueven ideas neoliberales de libre mercado. Tienden a alinearse con la derecha política y consideran que su misión es la derrota del ‘gran gobierno’. Estas organizaciones van mucho más allá de promover los mercados como algo práctico y útil; más bien son el sistema perfecto y funcionan para todos, incluidos los más pobres. La creencia de que el libre funcionamiento de los mercados y las empresas privadas conducirá a los mejores resultados económicos se defiende a menudo citando pasajes del libro de Adam Smith ‘La riqueza de las naciones’ (‘The Wealth Of Nations’), publicada en 1776.[12]

“Cada individuo ... no tiene la intención de promover el interés público, ni sabe cuánto lo está promoviendo ... sólo tiene la intención de promover su propio bienestar; y al dirigir esa industria de tal manera que su producto sea del mayor valor, él solo busca su propio beneficio, y en este, como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no era parte de su intención.” – traducido de The Wealth Of Nations, Libro IV, Capítulo II.

“No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde esperamos nuestra cena, sino de su consideración por su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad, sino a su amor propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.” – traducido de The Wealth Of Nations, Libro I, Capítulo II.

Estos pasajes están bellamente expresados, y la metáfora de la ‘mano invisible’ es mucho más memorable que decir algo como “los mercados permiten la toma de decisiones descentralizada, con cooperación donde hay una ventaja mutua”. Sin embargo, Smith ha elegido un escenario muy hogareño para ilustrar su punto: el carnicero, el cervecero y el panadero, compitiendo libremente para proveer su cena. Es una ilustración efectiva y utilizo analogías similares del comercio entre artesanos en los Capítulos 512 para explicar el funcionamiento del mercado. Pero cuando Smith escribía, la ‘mano invisible’ no solo estaba abasteciendo su mesa de comedor. Estaba ocupada induciendo a los armadores a obtener enormes ganancias del comercio de esclavos, y a los padres a enviar a sus hijos a las minas de carbón para alimentar la naciente revolución industrial. No se trata tanto de una ‘mano invisible’ como de un ‘látigo visible’.

Los escritos de Smith, tan a menudo citados selectivamente para apoyar las opiniones neoliberales, son en realidad mucho más matizados. Era muy consciente del desequilibrio de poder entre trabajadores y propietarios.

“Los trabajadores desean obtener lo máximo posible y los patrones dar lo menos posible. Los primeros están dispuestos a combinarse para aumentar los salarios de los trabajadores, los segundos para reducirlos. Sin embargo, no es difícil prever cuál de las dos partes debe, en todas las ocasiones ordinarias, tener la ventaja en la disputa y obligar a la otra a cumplir sus términos. Los patrones, al ser menos numerosos, pueden combinarse mucho más fácilmente: y la ley, además, autoriza, o al menos no prohíbe, sus combinaciones, mientras que prohíbe las de los trabajadores.” – traducido de The Wealth Of Nations, Libro I, Capítulo VIII.

En su extremo, las ideas que algunos neoliberales promueven parecen ser casi el espejo opuesto del comunismo, de modo que:

¿Por qué no podemos valorar la libre elección del consumidor, la competencia y la iniciativa, sin convertir el ‘libre mercado’ en una especie de estado de perfección y pureza al que debemos aspirar? La maldición de la economía es que muy a menudo se convierte en una religión. Prefiero abordarlo como ingeniero: primero intentemos simplemente entender cómo funciona la economía, y luego veamos qué creemos que podríamos mejorar.

4.3. Resumen

Las economías de libre mercado cuentan con un amplio ‘sector privado’ de empresas independientes que producen bienes y servicios. Los consumidores pueden elegir a quién comprar. Estas economías descentralizan las decisiones económicas. Los productores se desplazan a sectores donde hay más demanda y, por lo tanto, más ganancias. La elección del consumidor incentiva mejor calidad y precios más bajos.

Los mercados sí que ajustan la oferta a la demanda, pero solamente a la demanda efectiva; quienes están sin dinero tienen que recurrir a la caridad. La creciente complejidad y variedad de productos disponibles significa que los consumidores no pueden juzgar fácilmente la calidad y la seguridad, y por lo tanto necesitan regulación que los proteja de productos potencialmente nocivos. La promoción del papel más amplio posible de las empresas privadas y los mercados libres en la economía es una causa de la derecha política, particularmente en los EE. UU. y el Reino Unido.

En el próximo capítulo (Capítulo 5) intentaremos visualizar los intercambios que se producen cuando se comercializan bienes o servicios en el mercado. Y en el capítulo siguiente – dado que las economías de libre mercado ahora dominan el mundo – consideraremos cómo es vivir en una de ellas.