Capítulo 5
Intercambios en el Mercado

Los mercados son lugares donde intercambiamos bienes y servicios entre nosotros. Sin embargo, por lo general no experimentamos los mercados de esa manera: para la mayoría de nosotros, durante la mayor parte del tiempo, los mercados son donde intercambiamos bienes o servicios por dinero – ya sea comprando o vendiendo algo. Sin embargo, lo que está sucediendo debajo es el intercambio de bienes y servicios con otras personas o empresas, pesar de no ser visible para nosotros. El dinero es solo una especie de lubricante que hace que los intercambios complejos sean más fáciles.

Este capítulo es un intento de visualizar esos intercambios que están sucediendo debajo, y de explorar algunas de las consecuencias de que el mercado sea esencialmente un conjunto de muchos intercambios. El capítulo está ilustrado con algunos ejemplos numéricos; si son difíciles de seguir, el Resumen (5.7) describe la idea general.

En un mercado, los bienes se intercambian por preferencia mutua entre los actores del mercado. Yo cambio el producto ‘A’ por tu producto ‘B’, porque yo preferiría tener B en lugar de A y tú preferirías tener A en lugar de B. Estos intercambios a menudo implican cadenas de intercambios individuales largas, complicadas e interconectadas.

¿Qué es una ‘cadena de intercambios’? Un intercambio se realiza entre dos actores en el mercado; pueden ser individuos, u organizaciones como empresas. Por ejemplo, si tú tienes pan y quieres plátanos, y yo tengo plátanos y quiero pan, podemos intercambiar parte de tu pan por algunos de mis plátanos. Pero supongamos que no tengo plátanos para ofrecer, pero sí manzanas. Si a ti no te gustan las manzanas, no podemos hacer un intercambio. Pero, si aparece una tercera persona quien tiene plátanos y quiere manzanas, entonces podríamos hacer una serie de intercambios o ‘cadena de intercambios’ que les den a todos lo que quieren. Yo podría conseguir plátanos intercambiando algunas de mis manzanas con el recién llegado, y luego puedo intercambiar esos plátanos contigo para conseguir pan.

Para que haya comercio, deben existir cadenas de intercambios cerradas y completas; la falta de un paso (un cambio individual) puede romper toda la cadena. No vemos estas cadenas de intercambios extraordinarias porque en una economía real utilizamos el dinero como bien intermedio: intercambio A por dólares (o euros o monedas de oro ...) y luego utilizo los dólares para comprar B.

Siempre que el dinero fluya adecuadamente en la economía global (sin generar enormes desequilibrios comerciales), realmente sucede que si, por ejemplo, un programador informático que trabaja en el Reino Unido compro una piña de Costa Rica, entonces unos minutos de su trabajo escribiendo software se ha intercambiado de alguna manera por el trabajo de un agricultor de piñas. ¡Por supuesto, el agricultor no termina con una línea de software! ... sino una cadena de intercambios se la pasa a alguien que sí la quiere, y el resultado es que el agricultor consiga algún otro producto que él realmente desea (o más probable en la práctica, una contribución a su compra). Claramente, intercambios tan complejos serían muy difíciles de organizar, tal vez imposibles, sin el dinero como intermediario.

Comenzaremos por intentar visualizar una economía que funcione únicamente mediante trueque sin dinero de por medio, y consideraremos las implicaciones de que el comercio se realice mediante una serie de intercambios. Más adelante volveremos a introducir el dinero.

5.1. Una economía de intercambio simple

El diagrama de la Figura 5.1 explora los intercambios que ocurren en una economía imaginaria muy simple. Supondremos que funciona únicamente mediante trueque sin uso de dinero, mediante el intercambio de cosas entre personas.

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Figura 5.1: Una economía simple de trueque o ‘intercambio’.
Explicación de la economía de trueque o ‘intercambio’ en la Figura 5.1:

El propósito de este modelo es permitirnos visualizar cómo funciona una economía sin hacer referencia al dinero. Ilustra que:

  1. En una economía de mercado donde las personas (o las empresas) se especializan, tienen que intercambiar parte de su producción para obtener los otros bienes que desean/necesitan.
  2. Los intercambios solo ocurren si ambas partes quieren intercambiar – es decir, desean la cosa que van a recibir más de lo que ofrecen a cambio.
  3. El intercambio de bienes continúa hasta que se hayan realizado, como máximo, todos los intercambios posibles que ambas partes involucradas perciben como beneficiosos.
  4. Por lo tanto, en un período de tiempo determinado, hay un número finito de intercambios.
  5. Si nadie quiere el producto que ofreces, no puedes participar en los intercambios.
  6. Todos los artesanos del diagrama obtienen la materia prima que utilizan para fabricar sus productos de otra persona. En este ejemplo, si eres artesano y nadie quiere el producto que fabricas, ni siquiera puedes fabricarlo para tu propio consumo porque no puedes obtener las materias primas necesarias; por ejemplo, si nadie quiere pan aparte del propio panadero, este no puede conseguir trigo y, por lo tanto, no puede fabricarlo.
  7. No hay garantía de que los intercambios dejen a todos completamente empleados y provistos de lo que quieren. Supongamos que el agricultor ha obtenido todo lo que quiere ofreciendo solo una pequeña cantidad de trigo; esto puede dejar al panadero con lo insuficiente para fabricar el pan que le hubiera gustado intercambiar con los demás por más productos de ellos.
  8. Por último, observamos que este intercambio se complica rápidamente. En una economía real, se requerirían cadenas de intercambio complicadas en las que las personas frecuentemente obtendrían bienes no porque los quisieran para sí mismas, sino para intercambiarlos por algo más.

5.2. Efectos de un cambio en la demanda

Si modelamos la economía como una serie de intercambios, podemos explorar por qué las economías pueden operar fácilmente por debajo de su potencial máximo si algunos de los actores antes que otros, agotan lo que consideran intercambios ventajosos. En estos ejemplos, suponemos que los productos se intercambian en función del tiempo que lleva fabricarlos; por ejemplo, al intercambiar pan por zapatos, se espera intercambiar la cantidad de pan producido en el tiempo X por la cantidad de zapatos que se pueden fabricar en el mismo tiempo. Como se describe en el Capítulo 3 en la discusión del valor y la ‘teoría del valor-trabajo’, esto es lo que tiende a suceder en una economía real, debido a la competencia. Si los sastres obtienen intercambios muy favorables (o en la vida real, precios altos) porque hay escasez de ropa, entonces otros artesanos se verán tentados a capacitarse como sastres, la escasez disminuirá y los intercambios volverán a estar en proporción al trabajo requerido para fabricar los productos en cuestión. También señalamos en el Capítulo 3 que la teoría del valor-trabajo puede aplicarse también a los propietarios de recursos, siempre que no tengan el monopolio del recurso en cuestión.

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Figura 5.2: Un conjunto de intercambios entre un agricultor, un panadero y un zapatero.

Ahora veremos un ejemplo de cómo una reducción en lo que un actor en la economía quiere consumir tiene efectos más amplios. La situación de partida para nuestro ejemplo se muestra en el diagrama de la Figura 5.2. El agricultor solamente quiere una cantidad de pan equivalente a un medio día de trabajo por el panadero. El trigo que proporciona para eso es suficiente para satisfacer las necesidades de ambos artesanos, lo que le permite al panadero ganarse unos zapatos en el proceso.

Pero ahora consideremos qué sucede si el deseo de pan por el agricultor se reduce a una cantidad equivalente a un cuarto de día de trabajo del panadero, y ofrece en respuesta solamente trigo equivalente a un cuarto de día de su propio trabajo. El resultado se muestra en el diagrama de la Figura 5.3. El pequeño cambio ‘en la demanda’ ha tenido un efecto sorprendentemente grande: se ha extendido por toda la economía, negando el pan al zapatero y los zapatos al panadero. La producción total (igual que el trabajo total) ha caído de 2 días a 1 ... mucho más que la reducción de ¼ de día en el trabajo del agricultor que fue la causa. El Cuadro 5.1 muestra la diferencia en la producción antes y después de la caída en el consumo de pan del agricultor.

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Figura 5.3: Una caída en la demanda de pan por parte del agricultor también reduce la producción de otros bienes.

Si el agricultor quiere ...

El agricultor trabaja

El panadero trabaja

El zapatero trabaja

TRABAJO TOTAL

Pan de ½ día:

½ día

1 día

½ día

2 días

Pan de ¼ día:

¼ día

½ día

¼ día

1 día

Cuadro 5.1: Caída de la producción cuando el agricultor quiere menos pan.

Podemos imaginar fácilmente las razones por las que el agricultor podría elegir producir menos trigo del que la granja es capaz de producir. Tal vez, además de los campos de cereales, la granja tiene extensos pastos donde pastan los ponis de los hijos del agricultor. El agricultor y su familia podrían arar los pastos para plantar más cereales, pero no tienen incentivos para hacerlo si el trigo que ya producen es suficiente para ganar lo que quieren. De manera similar, en la economía real, las personas que poseen recursos pueden elegir conservarlos en lugar de gastarlos o utilizarlos, si eso es lo que prefieren. Si un artesano no produce tanto como el resto de la economía quiere, otras personas pueden establecerse en ese negocio; pero si el propietario de un recurso no produce tanto como el resto de la economía quiere, el déficit no se puede compensar, a menos que haya propietarios con el mismo tipo de recurso, dispuestos a aumentar su producción (o, en casos extremos, al tomar los recursos contra la voluntad del propietario – un gobierno podría nacionalizarlos o, en tiempos de guerra, requisarlos). Toda la tierra habitable ya es propiedad de relativamente pocas personas; la mayoría de nosotros – aun si poseemos una casa con jardín o patio – tenemos solamente una cantidad insignificante. Algunos propietarios de recursos pueden lograr un grado de monopolio que les permite cobrar más por su producto que el valor del trabajo necesario para producirlo. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) es un cártel de productores de petróleo que cooperan para ajustar los niveles de producción y, por lo tanto, mantener los precios. Sin embargo, no quiere decir que todos los propietarios de recursos estén en una posición fuerte. Pueden encontrarse compitiendo entre sí para tratar de intercambiar lo que producen por todos los demás bienes que produce la economía mundial y, por lo tanto, obligados a reducir los precios que cobren. Un ejemplo es las fluctuantes fortunas de los productores de café del mundo.

Por supuesto, la posición inicial podría ser el segundo diagrama, y el deseo por pan del agricultor crece en lugar de baja, resultado en la situación en el primer diagrama. Entonces, ese aumento de ¼ de día en el trabajo del agricultor tiene un efecto dominó en la economía, aumentando la producción total (trabajo total) de un día a dos días. Este fenómeno, en el cual un pequeño aumento en el gasto que tiene un efecto dominó mayor, fue descrito como el ‘multiplicador’ por el economista John Maynard Keynes. En nuestro ejemplo de un aumento, el multiplicador es 4 porque un aumento de ¼ de día en el trabajo del agricultor resulta en un aumento de 1 día (es decir, cuatro veces más que el cambio que lo provocó) en el trabajo total en la economía. Observe que el tamaño del multiplicador depende de la longitud de la cadena de intercambios: si en el caso del aumento de la demanda (pasando del segundo escenario al primero), el panadero simplemente comió el pan adicional de ¼ de día que produce en lugar de intercambiarlo por zapatos, entonces esos zapatos nunca se habrían producido, y el multiplicador sería menor. Las economías reales en las que vivimos, con sus millones de productos, pueden tener cadenas muy largas.

5.2.1. Escasez de recursos

En ejemplo anterior ilustrado en el Cuadro 5.1, hemos supuesto que la cantidad de trigo que el agricultor suministraba disminuyó porque su apetito para pan ha reducido, y así para conseguir esta cantidad de pan menor, solo necesita intercambiar una cantidad de trigo equivalente a un cuarto de día de su trabajo en lugar de un medio. Esto es una caída de demanda o de ‘deseos’. Pero una reducción en deseos no es la única causa de un bajón en producción.

Otra posibilidad es que el agricultor suministre menos trigo no porque quiera sino por una escasez de recursos. Tal vez hay una sequía y la granja ya no es capaz de producir la cantidad del trigo que antes rendía, solamente la mitad de ella. Todavía hay un efecto dominó sobre el resto de la economía, pero por una razón diferente. Recordemos que el modelo de los tres ingredientes indica tres requisitos para la producción (deseo, recursos, esfuerzo de trabajo) y el primero que se agota pone el límite a la cantidad producida.

5.3. Efecto de un nuevo producto

A continuación, consideraremos cómo agregar un nuevo ‘deseo’ – un producto que no estaba allí antes de – puede crear más actividad económica. Mire el diagrama en la Figura 5.4 que muestra intercambios entre dos artesanos.

Los zapatos se intercambian por camisas. Al sastre le gustaría una cantidad de zapatos que los lleva un día de trabajo del zapatero. Pero al zapatero le interesa una cantidad de camisas que solo cuesta un medio día de trabajo por el sastre, y entonces solamente está dispuesto ofrecer zapatos que le cuesta medio día de trabajo en cambio para ellas. Sin embargo, al zapatero tiene un otro deseo: le gustaría tener música para un medio día si solo estuviera disponible.

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Figura 5.4: Nivel inicial de producción antes de que llegue el músico.

¡Qué suerte! Un músico ha llegado al pueblo – una cantante. Ella está dispuesta ofrecer música a cambio por camisas que quiere. El diagrama de la Figura 5.5 muestra lo que sucede. Para conseguir la música que le gustaría, el zapatero tiene que ofrecerla camisas, y para conseguirlas, tiene que ofrecer más zapatos al sastre.

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Figura 5.5: La disponibilidad de algo nuevo que desear (música) también aumenta la producción de bienes existentes.

Ella trabaja solamente medio día, pero la producción total en términos de días trabajado, ha crecido por un día y medio, más del doble la cifra anterior, a medida que el efecto se propaga por toda la economía. Podemos imaginar que algo similar sucede en la economía real cuando un nuevo producto deseable como el automóvil, la televisión o el teléfono móvil, se lanza al mercado. También podemos imaginar lo inverso: la caída en producción que se produce si la gente ya no quiere esos productos – aunque los fabricantes intentan evitar esa situación, lanzando un sinfín de nuevos modelos. El cambio en las cifras de producción con la llegada del músico se muestra en el Cuadro 5.2.

 

Trabaja el cantante

Trabaja el zapatero

Trabaja el sastre

TRABAJO TOTAL

Sin el cantante:

-

½ día

½ día

1 día

Con el cantante:

½ día

1 día

1 día

2½ día


Cuadro 5.2: Producción antes y después de la llegada de la cantante.

Observe nuevamente cómo el aumento en producción debido a la incorporación de la cantante depende de la longitud de la cadena de intercambios que crea. Si ella no quisiera camisas, sino zapatos, entonces podría hacer un solo intercambio con el zapatero. Él aún tendría que trabajar en producir zapatos por un medio día adicional, pero estos zapatos se intercambian directamente con la cantante en lugar de usarlos para conseguir camisas del sastre. Así, no habría trabajo adicional para el sastre en la producción de camisas adicionales. Veamos que el hecho que la cadena de intercambios es más corto, ha resultado en una aumenta en la producción total menor de que en el caso anterior – en términos de economía, el aumento del ‘multiplicador’ es menor.

Podemos cuantificar esto con bastante facilidad. Si alguien aumenta su producción, fabricando bienes solamente para su propio consumo que llevan un día adicional de trabajo, (y asumimos, sin intercambiar nada con otros para obtener materias primas, por lo que no hay intercambios nuevos), entonces los días de trabajo total crece por uno (y la producción total crece proporcionalmente). Ahora, si en lugar de consumirlos, esa persona intercambia todos los bienes adicionales por otra cosa, entonces los días de trabajo total crece por dos (porque el que suministra la otra cosa, también tiene trabajo adicional para fabricarla). Y así sucesivamente. Podemos ver que el ‘multiplicador’ está dado por la longitud de la cadena en personas (o, el número de intercambios más uno). En el caso de nuestro ejemplo de la llegada del músico, la cadena tiene 3 personas, por lo que el multiplicador es 3. El trabajo nuevo introducido por la cantante en términos de días es ½ día, y esto se multiplica por 3 para calcular el efecto total, lo cual es 3 ×½ = 1½ en días adicionales trabajados.

Sin embargo, estos son ejemplos simples; en una economía real, la cantante querría una amplia gama de bienes a cambio de su música, y las cadenas de intercambios se desplegarían y también disminuirían con el número de pasos. Incluso con nuestro ejemplo simple, puede ver cómo podrían disminuir: supongamos que la cantante quiere zapatos y camisas en cantidades iguales, por lo que el zapatero puede suministrar parte de lo que quiere directamente y necesita menos del sastre, y por lo tanto el aumento total en la producción es menor, siendo: cantante ½ + zapatero ½ + sastre ¼ = 1¼ (en lugar del 1½ que teníamos antes).

5.4. Empleo

Ver la economía como un conjunto de intercambios hace obvio que no hay garantía de pleno empleo. Incluso suponiendo que se realicen todos los intercambios mutuamente deseados, eso no garantiza de que todos tendrán empleo – particularmente si no tienen mucho que ofrecer al principio ... por ejemplo, solamente mano de obra no calificada. Podemos afirmar la condición que debe cumplirse para el pleno empleo, que se aplica a una economía de intercambio, de la siguiente manera:

Para alcanzar el pleno empleo, necesitamos que lo siguiente sea cierto para todos los niveles de empleo desde el nivel inicial de empleo hasta el empleo de la última persona desempleada: ‘Que exista una cadena de intercambios mutuamente deseados que vincule a los consumidores finales de lo que se produce con trabajo adicional, a los obreros adicionales empleados para llevarlo a cabo.’

Expresando esto en un lenguaje más normal, lo que dice es: ‘por cada trabajador que agregamos a la fuerza laboral hasta el pleno empleo, necesitamos personas en la economía que estén dispuestas a ofrecer lo que ese trabajador quiere (comida, vivienda, etc.) a cambio del producto de su trabajo (sea directamente o vía intercambios intermedios)’.

Si bien esto suena como una condición muy exigente, debemos recordar que los humanos son adaptables y tratarán activamente de encontrar un producto o servicio que puedan ofrecer y que otros deseen.

5.5. Efectos del uso del dinero para realizar intercambios

Las economías actuales normalmente usan el dinero como un bien intermedio, lo que hace que el intercambio sea mucho más fácil. Tomando nuestra economía de intercambio original de ocho personas, supongamos que a todos esos ocho se les da una suma de dinero – tal vez 100 monedas de plata cada uno. Ahora no tienen que intercambiar sus productos organizando cadenas complicadas de intercambios entre sí – pueden vender lo que producen (cambiarlo por dinero) y luego comprar lo que quieren (cambiar el dinero de nuevo por productos). El diagrama de la Figura 5.6 muestra la misma economía de intercambio de ocho personas que vimos antes en la Figura 5.1, pero ahora redibujada para mostrar que se utiliza dinero como forma de comercio en lugar de trueque.

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Figura 5.6: Uso de dinero para realizar intercambios.

Si continúan intercambiando productos en las mismas cantidades y proporciones que antes (los precios reflejando los mismos valores relativos que asignaron a los productos cuando intercambiaron sin usar dinero), entonces realmente nada cambia: el dinero se mueve de un lado a otro de manera simétrica, de modo que nadie se vuelve más rico o más pobre en términos de efectivo a lo largo del tiempo.

Si, en cambio, alguien decide que ahora que tiene dinero puede comprar cosas sin tener que vender nada, obviamente muy pronto se quedará sin dinero.

¿Y qué ocurre al revés: alguien produce y vende, pero no gasta todo el dinero que gana? El dinero se acumula en esa persona, lo que significa que uno o más de los otros se están quedando sin dinero. Al final, esos otros ya no pueden comprar nada, la producción en la economía cae y las ventas que nuestro ahorrador frugal estaba haciendo se acabarán.

Por lo tanto, si bien introducir dinero en la economía significa que podemos tener desequilibrios temporales en el comercio (alguien puede vender algo y luego quedarse con el dinero de la venta durante un tiempo antes de gastarlo nuevamente), sin embargo, con el tiempo el comercio debe equilibrarse, tal como sucede en nuestra economía de trueque imaginada que funciona sin dinero intercambiando bienes directamente. Eso significa que, al final, en una economía con dinero, todos deben gastar tanto como ahorran. Si no lo hacen, el efecto es el mismo que si alguien en la economía de trueque ya no quisiera realizar intercambios: reducirá la producción al nivel de los intercambios en la economía que aún son mutuamente deseados. Esta conclusión es una macroeconomía estándar, pero a veces sorprende al público, ya que siempre se nos aconseja ahorrar.

La necesidad de que el comercio se equilibre a lo largo del tiempo no significa que no pueda haber grandes desigualdades en la riqueza. En nuestro ejemplo de una economía de ocho personas, el dueño de la mina podría gastar menos de lo que gana durante un período hasta que la mayoría de las 100 monedas de plata que cada una de las ocho personas de la economía tenía al principio hayan terminado en su poder, y las otras siete tengan solo un puñado de monedas. A medida que se vayan quedando sin dinero, los demás tendrán que ajustar sus gastos para que coincidan con sus ingresos, y el comercio se ajustará a un nivel en el que esté equilibrado. Sin embargo, la economía podría simplemente avanzar a trompicones en ese nivel, y el dueño de la mina seguiría teniendo mucho dinero en efectivo en comparación con los demás.

Si bien el comercio debe equilibrarse o abalanzarse a lo largo del tiempo, eso puede ser bastante tiempo. A nivel individual, esto puede ser una vida entera: es común que las personas ahorren durante gran parte de su vida adulta y luego gasten en la vejez (especialmente en gastos médicos y cuidado personal), dejando finalmente una herencia que se gasta la siguiente generación. Los países también pueden tener déficits en la balanza comercial durante muchos años, que se equilibran con el dinero que ingresan los extranjeros para comprar tierras o empresas. Sin embargo, llegará un momento en que no habrá más tierras ni empresas para vender – aunque eso podría ocurrir después de decenios.

5.5.1. Desigualdad, desequilibrios comerciales y préstamos

En el mundo actual, la desigualdad es tan alta que es muy fácil incluso para los moderadamente ricos, acumular ahorros. Para mantener la actividad económica, necesitamos que gasten lo que ganan en el consumo de los bienes y servicios que produce la economía. Invertir dinero en comprar cosas que ya existen de otras personas ricas – como casas, acciones de empresas o pinturas de viejos maestros – no genera ninguna nueva producción, solo transfiere el dinero a otra persona rica.

Así que aquí hay una idea: si los ahorros de la persona rica están atascando la economía, ¿por qué no prestar parte de ese dinero a los trabajadores más pobres para que lo gasten? Consideremos nuestra economía de ocho personas anterior: le dimos a cada persona 100 monedas de plata para usar en el comercio. ¡Supongamos que el dueño de la mina ha estado gastando menos de lo que él gana y ha llegado a acumular todas las 800 monedas de plata! No hay problema: les presta a todos los demás 100 monedas a cada uno a la ‘modesta tasa de interés’ de 1 moneda por día. Sin embargo, si nada más cambia y el dueño de la mina continúa gastando menos que gana, todo el dinero simplemente terminará de nuevo en sus manos, pero esta vez incluso más rápido debido al interés que se le está pagando.

La economía ahora está atascada nuevamente, pero el dueño de la mina no quiere prestarle a los demás una segunda vez porque todos todavía le deben las 100 monedas de plata que les prestó antes y ahora ni siquiera pueden pagar el interés. Se le ocurre una nueva idea: comprará las casas en las que viven los demás por 100 monedas de plata cada una. En esta manera, ellos tendrán algo de dinero para gastar, podrán volver a pagar intereses sobre los 100 que les prestó, y podrán vivir en sus antiguas casas como inquilinos. El acto está hecho, pero ... si el dueño de la mina continúa gastando menos de lo que gana, todo el dinero acabará de nuevo en sus manos y esta vez aún más rápido porque ahora le están pagando intereses y alquiler.

¿Qué sigue? Tal vez podría prestarles dinero para comprar sus casas de nuevo, con la casa como garantía si no cumplen con los pagos de intereses. ¿Le suena familiar? Piense en las hipotecas de alto riesgo (‘sub-prime mortgages’). Y en cualquier caso, un plan de este tipo no les dará dinero para gastar y mantener la actividad económica. Tal vez el dueño de la mina debería usar sus conexiones políticas para pedir un rescate gubernamental para pagar las deudas incobrables: un rescate pagado con impuestos – pero impuestos sobre los ingresos, por supuesto, no sobre la riqueza porque eso molestaría a la gente rica y poderosa como ... bueno, él mismo, por ejemplo.

Para mantener la economía en movimiento, los trucos financieros como los que se describen arriba, en el mejor de los casos, sólo pueden darnos una prórroga temporal, pero en última instancia no pueden funcionar. Hay que convencer a los ricos para que se desprendan de su dinero, ya sea tentándolos con una cueva de Aladino de bienes de consumo (un gran parte de nuestra economía se dedica a eso) o mediante impuestos.

5.5.2. El valor del dinero

Dijimos en los ejemplos de trueque de este capítulo que el valor relativo de los productos se determinaba principalmente por las horas de trabajo que se invertían en ellos. Cuando introducimos el dinero para reemplazar el trueque, asumimos que los precios se estabilizarían en los mismos valores relativos. Pero ¿qué determina el valor absoluto, el nivel general de los precios que deben cobrarse? Es decir, ¿qué es el valor del dinero?

El dinero se originó cuando la gente descubrió que podía escapar de las complejidades del trueque encontrando algún bien intermedio deseado y razonablemente portátil, como la plata o el oro. El candidato debe ser valioso por sí mismo y requerir un esfuerzo significativo para encontrarlo o producirlo; las dos cosas van juntas porque si fuera fácil crear dinero, la gente lo haría y perdería su rareza y, por lo tanto, su valor.

Cuando se utiliza como dinero algo que es intrínsecamente valioso como el oro, existe un mecanismo claro para establecer los precios de los bienes – zapatos, camisas, bicicletas, lo que sea. El oro se puede intercambiar por un producto simplemente en la proporción de la cantidad de trabajo que se necesitó para fabricar el producto, en comparación con la cantidad de trabajo para extraer y fundir el oro utilizado en las monedas de oro que se ofrecen a cambio. Cuando se introdujeron los billetes de papel, inicialmente eran solamente una nota de propiedad (un pagaré o ‘vale’) por el oro en poder del banco, que, al menos en teoría, el portador del billete podía recuperar, por lo que se mantuvo un vínculo con el oro. Así, los países siguieron utilizando metales preciosos para respaldar su dinero hasta tiempos bastante recientes: el Reino Unido abandonó el patrón oro en 1931 y los Estados Unidos en 1971.

Hoy en día, los billetes y sus equivalentes digitales en los ordenadores bancarios no tienen valor material intrínseco y no están vinculados a los metales preciosos. Sin embargo, la moneda moderna todavía puede verse como una especie de pagaré: el dinero demuestra que se le debe una cierta cantidad de productos de la economía, que usted reclama cuando lo gasta. Es la confianza en que otros honrarán ese pagaré y entregarán bienes a cambio lo que le da valor al dinero. Para mantener esa confianza, los gobiernos tienen que controlar la cantidad de dinero y actuar para evitar la falsificación. Si los gobiernos comienzan a financiarse imprimiendo grandes cantidades de billetes adicionales, claramente habrá inflación: los precios aumentarán porque una mayor cantidad de dinero persigue la misma cantidad de bienes. Incluso con el oro o la plata, sucedería lo mismo si los metales de repente se volvieran mucho más fáciles de obtener. Así, el valor del dinero depende de la cantidad en circulación en comparación con la cantidad de bienes producidos y comercializados. Para explorar esto un poco más, se dice que el dinero tiene tres propiedades o funciones, siendo:

Sin embargo, la última de estas propiedades debe tratarse con cuidado, porque el dinero en realidad no almacena valor en absoluto, solamente almacena promesas. Un ejemplo de un verdadero depósito de valor es un alijo de nueces que recolectaste en otoño y que todavía están en buen estado para comer la primavera siguiente – pregúntale a cualquier ardilla. Esto es muy diferente a los billetes que se guardan en otoño, que solo tienen valor en primavera porque hay otros seres humanos en el mundo que están dispuestos a canjearlos por comida real u otros bienes que poseen. El dinero no transmite y no puede transmitir riqueza de una generación entera de la humanidad a la siguiente, solo la riqueza real lo hace – cosas como infraestructura, granjas, naturaleza, conocimiento y arte. El dinero es un juego de suma cero cuando se transmite de una generación a la siguiente: si un fondo se hace más grande, otro se hace más pequeño en la misma cantidad, por lo que se transmite es la distribución de cosas entre los seres humanos, no la cantidad total de cosas en el mundo – la cantidad de cosas reales como la tierra y otros activos transmitidos sigue siendo la misma, el dinero solo afecta a quién lo posee.

Entender que el dinero es solo un pagaré o una promesa nos ayuda a entender por qué el valor del dinero en circulación está relacionado con la cantidad de bienes que produce la economía. Supongamos que en la economía de ocho personas que se muestra en la figura 5.6, la comunidad decide enriquecer a todos emitiendo billetes con un valor nominal total de un millón de monedas de plata. Al día siguiente nadie va a trabajar porque, como millonarios, pueden comprar todo lo que necesitan ... ¡excepto que no pueden porque nadie produce nada! Así que aceptan seguir trabajando, comerciando a los precios originales de los productos. Sin embargo, dado que ahora todos tienen mucho dinero en efectivo, es inevitable que alguien compre más de lo habitual, dejando menos o nada para que compren los demás. Pero como todos los demás también tienen dinero de sobra, pronto todos empiezan a ofrecerse a pagar más para no irse a casa con las manos vacías, y también aumentan lo que cobran por sus propios productos. Al final, los precios y los ingresos de los vendedores tendrán que estabilizarse en un nuevo nivel más alto, adecuado a la cantidad de dinero en circulación.

Para decirlo de una manera más general: si tienes ‘pagarés monetarios’ que te permitirán comprar muchos más bienes de los que te corresponderían en la producción, naturalmente te sentirás tentado a canjearlos, en lugar de tratar de limitarte a lo que crees que sería tu parte adecuada. Por lo tanto, en toda la sociedad en su conjunto, el valor del dinero en términos de los bienes que comprará, tiene que ajustarse (y lo hará a través de las fuerzas del mercado) hasta que la tasa a la que la población se inclina a canjear “pagarés monetarios” (billetes) sea la misma que la tasa a la que se ganan.

A partir del razonamiento anterior, podemos ver por qué el valor del dinero no es arbitrario, sino que depende de la relación entre la cantidad de dinero y la cantidad de producción – por lo que los cambios en cualquiera de ellos pueden dar lugar a cambios en los precios. Si, por ejemplo, un gobierno intenta financiarse imprimiendo dinero, esto dará lugar a inflación – y los precios de los bienes en general aumentarán.

En términos de producción, hay muchos cambios que podrían afectar a los precios. Algunos ejemplos basados en la economía ilustrativa de ocho personas de artesanos y propietarios de recursos que se muestra en la figura 5.6 son:

  1. Una empresa se vuelve más productiva. Por lo general, esto sucede debido a los avances tecnológicos. Por ejemplo, el panadero compra una máquina amasadora que duplica la cantidad de panes que se pueden producir al día, por lo que el precio de un pan debería bajar, ya que se requiere menos trabajo para cada uno.
  2. Una empresa se vuelve menos productiva. Tal vez los mejores minerales de la mina se agoten y ahora se necesita más trabajo para producir la misma cantidad de hierro, por lo que el precio del hierro aumenta.
  3. Un recurso se vuelve escaso. Si casi no quedan árboles en el bosque, el precio de la madera aumenta, aunque la cantidad de trabajo para talar un árbol no cambia.
  4. Precios de monopolio. Si hay propietarios de recursos que tienen un monopolio, pueden cobrar más de lo que les correspondería en función de las horas de trabajo para fabricar el producto. En nuestro ejemplo, si sólo hay una granja cultivable, el agricultor podría exigir el valor de dos días de trabajo en zapatos por sólo un día de trabajo en trigo. La economía tradicional analiza cuánto pueden cobrar los monopolistas para obtener el beneficio óptimo: no es ilimitado porque si piden demasiado obtendrán pocas o ninguna venta (¡y pueden provocar la intervención del gobierno o un movimiento para apoderarse de su negocio!).
  5. Las variaciones en el estatus o la habilidad asociadas con diferentes trabajos, cambian el salario relativo. En la práctica, un día de trabajo no se paga de manera igual sea cual sea el trabajo. El herrero en nuestra economía podría insistir en que su trabajo es más altamente calificado y difícil que el del panadero, por lo que por un día de su trabajo quiere más que el pan que el panadero hace en un día. Tal vez el pueblo acepte y pague su precio más alto, especialmente si hay pocos voluntarios para capacitar como herreros y darle competencia.

De lo anterior, el desarrollo más sorprendente en términos de cambios de precios es el punto (1). La tecnología ha producido una explosión en la productividad; Muchos productos manufacturados y agrícolas se han vuelto mucho más baratos en términos reales después de corregir la inflación, y algunos incluso son más baratos sin ninguna corrección. Por ejemplo, los primeros ordenadores de los años 1980 podían costar unos miles de dólares, mientras que un ordenador moderno mucho más potente se puede comprar por unos pocos cientos de los dólares actuales, mucho menos valiosas. Durante esos cuarenta años, los precios habrían caído en una gama más amplia de productos, tanto en términos monetarios como en términos reales, si no fuera por el hecho de que, a medida que ha aumentado la productividad, los gobiernos han puesto más dinero en circulación, lo que ha provocado una inflación que compensa las caídas. El efecto de que los ‘productos’ producidos en masa se hayan vuelto tan baratos es que las cosas en las que la mano de obra involucrada no ha cambiado, son relativamente más caras – por ejemplo, empleando sirvientes o pagando a un albañil. El costo de reparar cosas, debido a que requiere mano de obra intensiva, se ha convertido en una fracción mucho mayor del costo de comprar un nuevo reemplazo, lo que fomenta una cultura del usar y tirar.

Volveremos al tema de los precios cuando examinemos la inflación y la oferta monetaria en el Capítulo 23.

5.6. Intercambio óptimo

Los mercados libres se regulan a sí mismos y los economistas dicen que proporcionan la ‘distribución óptima’ de bienes y servicios. La autorregulación es ciertamente un gran beneficio, ya que permite la descentralización y la iniciativa de las empresas individuales para llenar los vacíos u ofrecer nuevos productos. La ‘distribución óptima’ ocurre si asumimos que todos los actores en el mercado están ‘perfectamente informados’; en nuestro modelo de intercambio eso significa que todos saben qué intercambios son posibles y se hacen todos los que son mutuamente deseados. ¡Sin embargo, es un tipo curioso de ‘óptimo’! Si algunos de los actores en el mercado son extremadamente ricos y otros son extremadamente pobres, entonces los ricos han reorganizado su enorme cantidad de bienes y servicios para lograr el arreglo más preferido y los extremadamente pobres emergerán con tal vez un conjunto de bienes ligeramente diferente al que tenían al principio. Puede ser un resultado ‘óptimo’, pero eso no es lo mismo que un resultado ‘bueno’ – como que los extremadamente pobres terminen con un medio de vida decente.

5.7. Resumen

El mercado no es una masa amorfa en la que se puede vender cualquier cosa por dinero siempre que el precio sea lo suficientemente bajo, y comprar cualquier cosa si se paga lo suficiente. Lo que realmente ocurre en un mercado es el intercambio de bienes y servicios entre personas o empresas, a través de una serie de complicados intercambios, en cada uno de los cuales ambas partes quieren realizar el intercambio. El dinero facilita esto, permite desequilibrios de corto plazo (no es necesario vender y comprar al mismo tiempo) y oculta las complejas cadenas de intercambios involucrados.

Ver la economía como un conjunto de intercambios nos ayuda a entender cómo un cambio en lo que una persona o empresa quiere (un cambio en la demanda), puede tener un efecto dominó en el resto de la economía que es mucho mayor que el cambio inicial – el efecto que los economistas llaman ‘multiplicador’ – y que lo mismo es cierto para un cambio en la disponibilidad de recursos. También podemos ver que no hay un nivel natural específico en el que la economía funcione. El nivel de producción depende de lo que los diversos actores de la economía desean y, lo que es más importante, puede estar limitado por la satisfacción plena de las necesidades de uno o unos pocos de ellos, mientras que la producción sigue estando a un nivel inferior al necesario para satisfacer las necesidades de los demás. Lo que eso significa en términos prácticos es que en un mundo muy desigual, la producción estará a un nivel en el que los ricos tienen lo que quieren y no les ocurra nada más para comprar, aunque este nivel pueda estar muy por debajo de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas del resto de la población mundial.

Introducir el uso del dinero en lugar del trueque no nos permite, a largo plazo, escapar a las consecuencias de que la economía sea un conjunto de intercambios y que la producción esté, por tanto, limitada al resultado de aquellos intercambios que son mutuamente deseados.

Ahora que hemos explorado cómo funcionan los mercados, consideraremos a continuación cómo es vivir en uno.